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Un capitán, 112 km y cero excusas: la apoteosis de la Arena demuestra que el Pisa sigue vivo

de Davide Caruso

La crónica del 3-1 firmado ayer a las 15:00 en la Cetilar Arena ya es conocida, pero en frío, repasando los datos del informe del partido, emerge un panorama que va mucho más allá del simple resumen de los goles. El dato de partida es tan implacable como liberador: el Pisa vuelve a ganar tras 4 meses, desde el 7 de noviembre. Aquella había sido la única victoria en liga antes de este Pisa-Cagliari. Este encuentro, por tanto, no fue un triunfo táctico al uso, sino la medición científica de la palabra "creer". Los números de este choque explican, mejor que cualquier highlight, lo que significa para un equipo agarrarse a la supervivencia cuando el abismo parece inevitable. La expulsión directa de Durosinmi, un mazazo en el 37', obligó al Pisa a una apnea prolongada que habría hundido a cualquiera. Los datos dibujan un asedio sardo: el Cagliari convirtió la posesión en un dogma, firmando una media del 73,3% en todo el partido y alcanzando un irreal 79,86% de dominio territorial en el segundo cuarto de hora de la reanudación. Los rossoblù completaron 509 pases con un 88% de acierto, encerrando a los nerazzurri en su área y colgando hasta 27 centros. Y, sin embargo, en esa tormenta perfecta el Pisa se transforma. "Nosotros intentamos juntarnos lo máximo posible, nos quitamos todas las excusas", confesó Antonio Caracciolo en el postpartido. "Si estamos en esta situación es culpa de todos. Lo importante es la positividad. Los momentos complicados han sido nuestra base". Renunciando a los pretextos, el equipo levantó un muro y, aun replegado, mantuvo un índice de peligrosidad en transición del 56,8%.

Creer, en el fútbol, se traduce en kilómetros para tapar los huecos que deja el jugador menos. El dato más llamativo del día está en el apartado físico: jugando con diez durante casi una hora, el Pisa acumuló la cifra monstruosa de 112,67 kilómetros totales, corriendo literalmente más que el Cagliari (111,16 km). Al frente de esa resistencia, los pulmones de Michel Aebischer, líder absoluto con casi 11,7 km, y la abnegación de Stefano Moreo (11,47 km), el primero en ir a la presión y rozar los 20 km/h en los retornos defensivos.

Los tantos nerazzurri, vistos al día siguiente, dejan de ser episodios aislados para convertirse en el emblema de un equipo en trance competitivo. Todo empezó a tomar forma en el 9', cuando Moreo, desde los once metros y con Caprile vencido, puso por delante a los nerazzurri: el instante en el que el grupo miró de frente el miedo a no lograrlo y lo espantó. Pero fue en el corazón de la segunda parte, en el pico de sufrimiento según las estadísticas, cuando el Pisa tiró de corazón y dio un paso al frente. El doblete del capitán Caracciolo es la apoteosis: primero creyó más que nadie tras una asistencia involuntaria de Folorunsho, irrumpió en carrera y batió a Caprile con un derechazo a bocajarro; dos minutos después, desafiando la lógica que pedía replegarse, apareció solo en el área pequeña, desvió con la rodilla derecha y volvió a batir al meta rival. Que un central marque dos goles en inferioridad numérica es el símbolo de quien rechaza rendirse. Incluso cuando, en el 67', Pavoletti se giró y definió de derechazo para batir a Nicolas y reavivar los fantasmas, el Pisa no tembló. Defendió con uñas y dientes, sacando de quicio al rival hasta la expulsión de Obert en el 81', que devolvió la igualdad numérica.

Hoy la clasificación dice que el camino sigue siendo larguísimo y que la zona de salvación está, por ahora, a 7 puntos, pero los datos de ayer dejan una certeza. Este Pisa está vivo, corre por dos y, antes que nada, ha vuelto a creer. Un concepto subrayado por las palabras finales de Hiljemark, que, rechazando cualquier distracción, se abrazó a los suyos: "Este es un grupo maravilloso, como dije nada más llegar. Trabajan todos los días para mejorar y se merecen estos tres puntos. Tienen que disfrutar de este triunfo".


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