.

Siempre la misma Juve: la Lazio, aplastada, pero si los goles los marcan McKennie y Kalulu…

de Ivan Cardia

No es cuestión de opiniones, sino de datos fríos. Si el fútbol se decidiera a los puntos, la Juventus no se habría visto obligada a una remontada a la desesperada en casa de la Lazio; cualquier jurado le habría dado la victoria. Las estadísticas del partido, acabado 2-2 (y, por honestidad, hay que decir que por momentos pudo ser un 3-0 para la Lazio), son bastante claras: 34 remates a 9 para los bianconeri de Luciano Spalletti (8-2 en tiros a puerta). Y aún más: 2,77 a 1,06 en goles esperados (xG), 0-6 en paradas de los porteros. La Juve completó 631 pases por los 391 del equipo de Maurizio Sarri y tuvo el 63% de posesión.

Pero en el fútbol se gana con goles. Y la Juventus no solo encajó dos, sino que marcó otros dos. Bastante circunstanciales, a centros, y con dos jugadores que no tienen el gol como su principal virtud. Weston McKennie es, sí, el máximo goleador de la era Spalletti, pero sigue siendo centrocampista. Pierre Kalulu, el que firmó el empate, por así decirlo, antes de hoy había disputado 137 partidos en la Serie A y marcado 6 goles. No es precisamente un goleador.

Un delantero que no tira. Y el otro, aún peor. A los bianconeri los condenaron a una noche de remontada loca los de siempre. Jonathan David, de esos 34 tiros, solo probó una vez, y ni siquiera a puerta. Y, para colmo, Lois Openda, que entró en el tramo final, lo hizo aún peor: se comió el posible 3-2. Habría sido demasiado para la Lazio, que no desmereció salvo el derrumbe final. Pero la cúpula bianconera tuvo un mes para fichar un nueve. Y hoy tiene que encomendarse a los goles de dos que se dedican a otra cosa.


Otras noticias