Se nota la mano de Paolo Vanoli en el nuevo rumbo de la ACF Fiorentina. Y en el mercado
En un domingo durísimo, la Fiorentina ganó. Otra vez. Lo hizo en un campo complicadísimo como el del Bologna FC, con el equipo de Vincenzo Italiano buscando puntos para seguir en zona europea, mantener encendida la luz del resurgir tras el triunfo ante el Hellas Verona FC y ahuyentar los primeros síntomas de crisis o señales claras de dificultad en esta temporada. Sin embargo, la Viola logró llevarse los tres puntos, y lo hizo en días muy duros, a pocas horas del fallecimiento de su patrón, padre, propietario y presidente, su faro, Rocco Commisso. Jugar, porque la vida sigue, porque así lo habría querido Commisso, para honrarle; y la ACF Fiorentina lo hizo de la mejor manera, con el corazón roto.
Y lo hizo también gracias a la mano de Paolo Vanoli. Porque el técnico, al inicio de su aventura en Florencia, se equivocó prácticamente en todo. Decisiones tácticas. Gestión del vestuario. De las individualidades. De la comunicación. Parecía no asumir el naufragio en el que estaba metida la ACF Fiorentina, un Titanic cada vez más directo hacia el iceberg llamado Serie B. Luego tomó conciencia de los errores, de los muchos fallos. Y, como hombre inteligente y capaz, supo corregir el tiro. Ordenó el vestuario, abrazó retornos de muchísimo peso como el de Robin Gosens, volvió a la defensa de cuatro, dio el brazalete a David de Gea y otorgó centralidad táctica a Nicolò Fagioli.
Y los resultados se han visto. La ACF Fiorentina sigue navegando en aguas turbias, pero se ha levantado. También gracias al mercado, porque la llegada de Manor Solomon es indicativa de algo: devolver amplitud al juego. Ahora, con Albert Gudmundsson y Fabiano Parisi, la incorporación de Solomon y de Jack Harrison señala otro camino que está tomando la Viola. Y funciona.