Sarri, el Comandante: ha impedido que la Lazio se hunda. Y la Copa de Italia es un objetivo
Un auténtico capitán nunca abandona el barco, ni siquiera cuando está a punto de naufragar. Y Maurizio Sarri, Comandante de verdad y en defensa de la afición del Lazio, se ha mantenido a bordo de una nave que, en un momento de la temporada, empezó a hacer agua por todos los lados. En parte por los escollos de un mercado estival bloqueado, en parte por las limitaciones de una ventana de fichajes tan corta como la de enero, en la que, además, se marcharon pesos pesados como Guendouzi, Castellanos, Vecino y alguno más. Con el riesgo de ruptura total con Romagnoli.
Más allá de las grietas y del momento de emergencia general, y pese a estar a merced de la habitual contestación de la afición biancoceleste contra el presidente Claudio Lotito y de los relatos sobre roces, chispazos y careos en Formello, Sarri no se dejó llevar por el pánico. Al contrario, asumió la enorme responsabilidad de llevar el barco a buen puerto hasta final de temporada, reconstruyendo buena parte del once titular. Con cinco caras nuevas (Przyborek, Motta, Daniel Maldini, Taylor y Ratkov) y con la operación de reconciliación con Romagnoli en marcha tras su frustrado traspaso a Catar con Roberto Mancini.
Aplausos y mérito para Maurizio Sarri, que además ha hecho de la necesidad virtud. Con el reencuentro de piezas que parecían perdidas por el camino, Noslin —autor de un gol— y Dele‑Bashiru —asistencia— fueron fundamentales para igualar la eliminatoria de cuartos de la Copa de Italia ante el vigente campeón, el Bolonia. Rearmando un vestuario desmotivado por la distancia con los puestos europeos en la clasificación de la Serie A, ahora esta semifinal ante el Atalanta lanza un mensaje nítido: la Copa de Italia es el objetivo de la Lazio.