Reflexiones sobre la crisis de la Selección y el futuro inmediato del banquillo de Italia: las noticias destacadas de las 13
El terremoto en la Federación Italiana de Fútbol (FIGC) tras las dimisiones de Gabriele Gravina y Gianluigi Buffon abre inevitablemente otro frente: el relacionado con el futuro de Gennaro Gattuso. El seleccionador está muy cerca de decir adiós tras apenas ocho partidos, y sin billete para el Mundial. La Federación aún confía en que siga al menos para los dos amistosos de junio ante Luxemburgo y Grecia, pero la sensación es que su etapa ya toca a su fin. Como alternativa, se baraja una solución interna con Silvio Baldini, actual técnico de la Sub-21.
Mientras se esperan las elecciones del nuevo presidente federativo, fijadas para el 22 de junio, el debate se abre a las raíces profundas de la crisis del fútbol italiano. Quien pone el foco es el agente FIFA Cheikh Fall, que detecta carencias estructurales ya en la formación de los más pequeños: "En Italia se juega por el resultado desde los 7-8 años, mientras en el extranjero se apuesta por la técnica y la diversión. Así se penaliza el crecimiento del talento".
El problema, sin embargo, no es solo técnico. El factor económico también pesa: los altos costes para las familias y la escasa valoración de los entrenadores titulados limitan el acceso y el desarrollo de los jóvenes. "El fútbol se ha convertido en un lujo", subraya Fall. A todo ello se suma un nudo normativo, el del ius soli, que frena la integración de los chicos nacidos en Italia de padres extranjeros. Sin ciudadanía, muchos jóvenes quedan fuera de las selecciones inferiores, a diferencia de lo que ocurre en países como España y Francia. El paralelismo con Lamine Yamal es elocuente: un talento que, en Italia, difícilmente habría tenido el mismo recorrido. La crisis de la Azzurra, por tanto, va más allá del césped: es el reflejo de un sistema al que le cuesta renovarse.