Quién es Carlos Henrique Raposo, el futbolista estafador citado por Dargen D’Amico en Sanremo
¿Rapo... quién? Los amantes de la música estos días se preguntan quién es Carlos Henrique Raposo, la meteora evocada por el cantante Dargen D’Amico sobre el escenario del Festival de Sanremo 2026. Para los frikis del fútbol, sin embargo, su nombre es toda una leyenda. Raposo, apodado Kaiser, es el hombre que durante 26 años logró vivir como futbolista profesional sin serlo de verdad. No un craque incomprendido, sino un maestro del engaño: contratos firmados, presentaciones oficiales, fotos con estrellas consagradas y casi ninguna presencia sobre el césped. Un personaje a medio camino entre la comedia y la realidad, convertido en símbolo del arte de sobrevivir en un sistema que a menudo vive más de la imagen que de la sustancia.
Nacido en 1963 en Rio Pardo, en el sur de Brasil, y criado en condiciones difíciles, Raposo entendió pronto que el balón no sería su pasaporte natural al éxito. Así convirtió sus limitaciones en estrategia. Frecuentaba los locales de Río, trababa amistad con futbolistas consagrados, se hacía recomendar y conseguía contratos con clubes de renombre como Botafogo, Flamengo y Vasco da Gama. Cuando llegaba el momento de demostrar su valía, encontraba la escapatoria perfecta: lesiones simuladas, partes médicos complacientes, expulsiones antes incluso de saltar al campo. ¿Su talento? La labia: la capacidad de convencer, de seducir a directivos y compañeros.
"Fue el mejor futbolista de la historia que nunca llegó a jugar un partido. Sin duda, imbatible", dijo de él el técnico Renato Portaluppi. Una definición que retrata la paradoja del Kaiser: un antihéroe que atravesó el fútbol de los ochenta y los noventa aprovechando sus grietas, construyendo una carrera sobre la apariencia. Y ahí encaja la cita de Dargen D’Amico en AI AI: Carlos Henrique Raposo se convierte en metáfora de la ilusión contemporánea, del éxito construido sobre la imagen más que sobre el talento, del relato que pesa más que los hechos. En una época dominada por las redes sociales y la percepción, su historia suena sorprendentemente actual.