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Por qué la Juventus no puede esperar al final de temporada para decidir sobre Spalletti

de Ivan Cardia

¿Hay margen para que Dusan Vlahovic siga en la Juventus? ¿Es Ederson el hombre adecuado para la medular bianconera? ¿Hace falta un mediocentro organizador para darle más inventiva al equipo? ¿Confianza en Di Gregorio o la Vecchia Signora irá a por un portero? ¿Se necesitan laterales o carrileros? ¿La defensa será de tres o de cuatro? Son todas preguntas a las que la dirección deportiva bianconera está llamada a responder en las próximas semanas, en los meses que conducen al mercado de verano.

Por encima de todas esas cuestiones hay otra: ¿qué pasará con Luciano Spalletti? El técnico tiene contrato hasta final de temporada y, en varias ocasiones, ha dejado claro que no tiene prisa por hablar de la renovación. Una postura coherente con la decisión de aceptar un acuerdo muy corto y con la idea de que todo depende de la clasificación para la Champions League. ¿Pero de verdad es así?

Estar o no estar en la Europa de los grandes lo cambia todo. También para responder a las preguntas anteriores: es lógico que las ambiciones y, sobre todo, la capacidad de gasto estén ligadas a la principal variable del presupuesto de la Juve, como en cualquier club. Están en juego al menos 50-60 millones de euros, suficientes para alterar cualquier valoración. A ese factor se suman cuestiones puramente técnicas, y ahí está la clave.

En los últimos años, la Juve ha ido cambiando de proyecto según soplara el viento. La discontinuidad ha sido total y, incluso operando bajo un régimen de sostenibilidad estricta, cambiar de filosofía cada seis meses no ayuda a nadie. Con Spalletti la luna de miel continúa, pero el técnico de Certaldo tiene una carrera muy distinta, por ejemplo, a la de Thiago Motta o Tudor: no es la clasificación para la próxima Champions lo que cambia la valoración de veinte años en el banquillo. Cerrar cuanto antes el capítulo de la renovación —aunque esté bastante claro que no será así— ayudaría a Comolli, Chiellini, Ottolini y Modesto a planificar un futuro en sintonía con quien ocupa el banquillo. Incluso a moverse antes por algunos objetivos, no necesariamente de primerísimo nivel. De lo contrario, el riesgo de siempre: aplazar decisiones y quizá apostar por jugadores que no convencen al que estará en el banquillo desde julio o, peor aún, dejar pasar oportunidades que hoy, con un poco de sintonía, podrían aprovecharse.


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