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Las palabras de Spalletti y la réplica de la AIA: la reforma del arbitraje ya está en los planes de Gravina

de Ivan Cardia

Luciano Spalletti abre un frente y la AIA replica. Anoche, tras un arbitraje bastante mejorable de Chiffi —protestas de la Juventus por un posible penalti por una falta de Gila, ya protagonista de algo similar en la ida—, el técnico bianconero reclamó una reforma del estamento arbitral: "El único no profesional sobre el césped era el árbitro. Tiene que irse a casa y pensar en ciertas cosas, para valorar si debe seguir en este trabajo o no. He intentado informarme de las situaciones y esto es algo que genera desequilibrio".

Unas palabras que no han pasado desapercibidas. Aunque en la nota de prensa de la Asociación Italiana de Árbitros (AIA) no hay ninguna alusión directa, es bastante evidente que las declaraciones de Francesco Massini, vicepresidente en funciones que actualmente dirige la asociación tras la condena en primera instancia del presidente Antonio Zappi a 13 meses de inhabilitación, iban dirigidas a Spalletti: "Trabajar junto a la FIGC y las Ligas para una reforma de este tipo no solo es posible, sino que en su momento se consideró incluso deseable, para construir una reforma compartida y sostenible también desde el punto de vista económico". En la nota se subraya que la AIA debe ser protagonista en este proceso. Y ahí está la clave.

El profesionalismo arbitral ya está en la agenda de Gabriele Gravina. Desde hace tiempo, el presidente federal apuesta por crear un órgano profesional para los árbitros de la élite, que en la práctica arrebate a la AIA la gestión —no la formación— de los colegiados de Serie A y Serie B. A la asociación le quedarían los árbitros de la C hacia abajo. El proyecto ha sido bautizado periodísticamente como una "PGMOL a la italiana": la referencia es a la Professional Game Match Officials Limited, organismo del fútbol inglés creado en 2001, cuando los árbitros de la Premier League se profesionalizaron. Ese es el modelo, con matices: en Italia el organismo estaría participado por la FIGC, la Lega Serie A y la Lega B, mientras que en Inglaterra casi todo el peso económico recae en la Premier. Aquí se repartiría de forma más equitativa, con la salvedad de que los árbitros no "dependerían" de los clubes de Serie A.

Por lo demás, el plan de Gravina acercaría de pleno a los árbitros al profesionalismo, con indemnización por fin de contrato (TFR) y adecuación contractual. Además, agilizaría los procesos de ascenso al máximo nivel y garantizaría a los colegiados mayor libertad contractual, de modo que podrían firmar acuerdos de patrocinio sin depender de la AIA. Hay otro detalle: permitiría continuar al designador Gianluca Rocchi, de lo contrario obligado a despedirse por límite de mandato. Por estas razones, la idea seduce a varios árbitros de élite. Mucho menos a la AIA, comprensiblemente, porque abriría una brecha interna en el colectivo y la asociación perdería una de sus razones de ser (no todas: la formación seguiría siendo un tema central). Por ahora, el plan no ha entrado en fase de ejecución, pero el horizonte no está lejos. En el telón de fondo, y no tan lejano, asoma la hipótesis de comisariar la AIA: el próximo 18 de febrero, el Tribunal Federal de Apelación decidirá sobre el recurso presentado por Zappi. Si confirma la sentencia de primera instancia, Gravina está listo para comisariar. Llegado ese punto, el camino para la reforma quedaría (quedará) despejado.


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