Las dos caras del Bosnia-Italia. El regreso gélido de Italia; Dzeko lidera la fiesta en una discoteca
Dos caras de la misma noche, dos historias opuestas que desembocan en el mismo resultado. Por un lado, la fiesta sin fin de Bosnia; por el otro, el pesado silencio de Italia. La histórica victoria de los bosnios ante la Azzurra no solo regaló una página inolvidable al fútbol del país balcánico, sino que también dictó un veredicto durísimo: Bosnia al Mundial 2026; Italia, otra vez fuera, por tercera edición consecutiva.
El contraste se vio ya en las horas inmediatamente posteriores al partido. En Malpensa, a la llegada de la selección italiana, el ambiente era gélido: caras largas, pocas palabras y mucha decepción. Ninguna declaración, ninguna señal más allá de la de un grupo duramente golpeado, consciente de haber vuelto a fallar un objetivo que parecía a su alcance.
A cientos de kilómetros, el panorama era muy distinto. Bosnia convirtió la noche en una celebración ininterrumpida, entre cánticos, bailes y festejos que implicaron a equipo y afición. Una explosión de alegría que se prolongó hasta el amanecer, cuando Edin Dzeko encendió un directo en Instagram para compartir con los seguidores los últimos compases de una noche destinada a quedar para la historia.