.

La rescisión de mutuo acuerdo de Tudor es un regalo para la Juve. Ahora solo falta Thiago Motta

de Andrea Losapio

"Tener diez años de contrato a mí me cambia poco". Lo dijo Igor Tudor en su rueda de prensa de presentación, hace nueve meses y algunos días. A finales de marzo se convirtió en entrenador de la Juventus, culminando un recorrido que le llevó también por el Galatasaray, la Lazio y el Olympique de Marsella, a menudo presentando su dimisión cuando las cosas dejaban de convencerle. Firmó hasta el 30 de junio y después fue confirmado por dos temporadas.

En las últimas horas llegó el acuerdo para rescindir el contrato, probablemente con una indemnización de salida. Un movimiento que ayuda y aligera un poco las cuentas de la Juve, porque en el próximo año y medio habría cobrado unos 9 millones de euros (brutos). Aún no se sabe cuánto ha dejado encima de la mesa, pero en cualquier caso es un gesto de 'juventino', como se proclamó desde el primer día. Porque podía haberse quedado perfectamente en el dique seco un tiempo más, quizá hasta final de temporada, y luego rescindir para buscar banquillo en verano, sin demasiados apuros. Quién sabe cuál será su próxima aventura, pero así ya no hay tres técnicos en nómina.

Ahora quedan Spalletti y Thiago Motta. El primero, hasta el 30 de junio de 2026; el segundo, hasta 2027, con un salario de 4 millones netos por temporada (el doble brutos).


Otras noticias