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La mano de Chivu ha surtido efecto: así Federico Dimarco se ha vuelto imprescindible para el Inter FC

de Giacomo Iacobellis

«La confianza es el pegamento invisible que hace posible el éxito». La frase del célebre autor Stephen R. Covey describe a la perfección el camino de Federico Dimarco bajo el mando de Cristian Chivu. En el Inter FC, el carrilero nacido en 1997 no ha cambiado tanto por cualidades técnicas como por rol, autonomía y confianza percibida. El partido ante el Pisa SC fue paradigmático: entró en el 34’ y lideró la remontada con dos asistencias y un gol, dejando su sello de líder y no de simple alternativa. Ni de un simple jugador de banda.

La ‘cura Chivu’ parte de un detalle que solo parece menor: la gestión del tiempo. En años anteriores, Dimarco vivía con la idea de un partido con fecha de caducidad, a menudo limitado a poco más de una hora. Hoy ese techo mental ha desaparecido. Sea titular o salga desde el banquillo, el ex del Hellas Verona se mantiene en el campo para ser decisivo. Una confianza que también se sustenta en el trabajo físico, ajustado para evitar bajones y preservar la chispa, y que le ha devuelto continuidad y claridad en la toma de decisiones.

Los números explican el efecto del método. Esta temporada, Dimarco suma 28 partidos oficiales, con 5 goles y 9 asistencias: cifras de protagonista absoluto. La banda izquierda sigue siendo su hábitat natural, pero su impacto en los momentos clave marca la diferencia. Míster Chivu lo ha devuelto al centro del proyecto y Dimarco ha respondido con personalidad. Cuando la confianza se convierte en método, el rendimiento acompaña.


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