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La Lazio puede soñar, pero hasta cierto punto. Romagnoli, caso cerrado. Más o menos

de Ivan Cardia

Desde Turín, la Lazio de Maurizio Sarri vuelve a la capital con mucha decepción y una pizca de orgullo. Mandaba 0-2 en el marcador frente a la Juventus, pero el conjunto celeste vio cómo le empataban en la recta final. Dos puntos perdidos, porque, más allá del dominio bianconero en las estadísticas, por largos tramos la Lazio firmó un gran partido, aunque sin alardes. Y por momentos un 0-3 tampoco habría sido descabellado.

La Lazio puede soñar. Pero hasta cierto punto. En el sentido más temporal del término: a día de hoy, un equipo claramente debilitado por el mercado de invierno (aunque el director deportivo Fabiani diga lo contrario) no tiene plantilla para aguantar el ritmo de los grandes durante los 90 minutos y, por extensión, a lo largo de la temporada. Sarri, que en la víspera expresó su deseo de al menos poder aspirar alto (sobre el futuro: "No pido tener que ganar, pero sí poder soñar"), está tapando carencias objetivas, incluso numéricas, de la plantilla. Pero no puede poner parches en todos los agujeros.

La buena noticia, más allá de un ejercicio de carácter, tiene que ver con la entrada de Alessio Romagnoli. Como dato puramente informativo: el central, protagonista de un auténtico culebrón de mercado en los últimos días, volvió al césped. Y eso ya es noticia en sí mismo. No lo hizo de la mejor manera, visto que comparte responsabilidad en el gol de Kalulu y dejó alguna que otra imprecisión. Dicho esto, el caso ni mucho menos está cerrado (porque la renovación es un espejismo): ahora toca recuperar forma y concentración, perdidas en la recta final del mercado de fichajes.


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