Inter FC, ataque de escándalo y defensa por ajustar. Tras el Pisa, examen ante el Borussia Dortmund
La exhibición del Inter FC ante el Pisa no deja indiferente a nadie. Los nerazzurri, tras el contundente 6-2 en San Siro, esperan la respuesta de Ac Milan y SSC Napoli, que se miden respectivamente a AS Roma y Juventus. Los rossoneri pueden volver a colocarse a tres puntos; los azzurri, por su parte, apuntan a mantenerse a seis de distancia.
"A veces toca sufrir, pero el equipo es maduro y competitivo y poco a poco está cerrando algunas cicatrices", dijo Chivu tras la goleada de San Siro. El camino hacia el Scudetto aún es largo y tortuoso, pero en la Serie A el equipo mantiene el rumbo pese a las tempestades. En cambio, la travesía en la Champions League se antoja más accidentada y el fantasma del play-off acecha a la vuelta de la esquina. El miércoles los nerazzurri saltarán al césped de Dortmund en el último partido de la Fase de Liga y conocerán su destino. "Se trabaja, se suda y se sueña", añade Chivu, aunque buena parte de la hinchada interista agradecería un empujón desde el mercado. Las reuniones continúan pero —siempre en palabras del técnico rumano— "lo que se habla se queda entre cuatro paredes". El duelo ante los toscanos dejó la salida de Luis Henrique poco después de la media hora, entre pitos en San Siro. Chivu salió en defensa del carrilero brasileño, pero es innegable que el vacío dejado por Dumfries aún no se ha cubierto como es debido.
Quien sí aporta una marcha más es Francesco Pio Esposito. El '94' es el clásico nueve de pelea, ya ídolo incontestable de la Curva Nord, que no pierde ocasión de dedicarle cánticos y aplausos. El testarazo con el que culminó la remontada ante el Pisa fue un remate de ariete puro. Eso es precisamente lo que más echó de menos el Inter FC la pasada temporada. La fuerza ofensiva del Inter FC se explica por los números; la fase defensiva, en cambio, necesita ajustes. En los dos últimos partidos, entre Serie A y Champions, han encajado cinco goles, dos a balón parado. No es una señal de alarma, pero sí un motivo más para reflexionar y no dormirse en los laureles.