Gasperini, el adiós al Atalanta y el regreso a Bérgamo como rival
El partido más esperado: el regreso de Gasperini a Bérgamo como rival. Victorias, muchas páginas de historia con el Atalanta, la Europa League, pero también aquella despedida que sigue dando que hablar meses después y no exenta de opiniones y críticas que alcanzan tanto al técnico de Grugliasco en su último año como al club.
Empezando por Gasp. El míster admitió abiertamente que ya en diciembre había tenido contactos con los giallorossi, cuando su Atalanta estaba en plena pelea por el Scudetto. Aunque mantuvo un perfil profesional y ambicioso, algo empezó a tambalearse. En el mercado de invierno —donde tocaba arriesgar para el Scudetto— Gasperini esperaba, con razón, algo más; y, por otro lado, el técnico no estuvo exento de errores: declaraciones fuera de tono, la eliminación en la Supercopa, el penalti de Lookman tras el Atalanta-Brujas, los estímulos que empezaban a faltar, el bajón del equipo y una vacilación sobre su futuro que dejó al Atalanta descolocado a última hora, rematada por una despedida casi a escondidas: mientras 400 aficionados se manifestaban por él, el míster estaba reunido con los dirigentes de la AS Roma, y la carta de despedida no ayudó (aunque en la fiesta de cumpleaños de la Dea sí pronunció palabras emotivas y de agradecimiento por sus años en Bérgamo).
El club Atalanta se encontró entre la espada y la pared (también por la posición de la afición): al margen de enero, las palabras del técnico habían generado un auténtico efecto dominó. El “ce ne faremo una ragione” no ayudó, como tampoco el comportamiento de Gasp: todo evidenciaba poca serenidad entre las partes y el equilibrio solo volvió al final de la temporada con la propuesta de renovar hasta 2027.
¿Reajuste del que habló Gasperini? El Atalanta se gastó 125 millones vendiendo solo a Retegui, y habría hecho lo mismo con Gasp al mando. La propiedad intentó retenerlo hasta el último momento, pero en el amor hacen falta dos: no se puede retener a quien ya no quiere seguir, y tras nueve años cambiar de aires también es comprensible. Entre tanto, una certeza: en el Atalanta la “mentalidad Gasperini” debe perdurar de por vida, para que el equipo siga ganando en el futuro. Un epílogo peculiar que, sin embargo, no cambia el justo e inmenso reconocimiento a Gian Piero: el hombre que hizo grande al Atalanta; lo demás son detalles (y páginas de historia).