Este Sassuolo se crece cuando el mundo parece venírsele encima
En el Allianz Stadium, donde la Juventus casi siempre ha pasado por encima del Sassuolo y donde los verdinegros han salido históricamente escaldados, el equipo de Grosso escribió otra página para el recuerdo. Terminó 1-1, un empate que sabe a victoria porque el Sassuolo supo resistir, no se vino abajo cuando todo parecía torcerse (con Muric deteniendo un penalti en el tramo final) y se transformó justo en el momento en que el rival esperaba el derrumbe.
Otro gol encajado en los primeros 15'
El partido siguió un guion que ya nos sabemos de memoria. Gol tempranero (Yildiz marcó en el 14', décimo tanto encajado por el Sassuolo en el primer cuarto de hora, el tercero consecutivo tras los sufridos ante la Lazio y el Bolonia). Aun así, lejos de hundirse, los verdinegros sacaron lo mejor de sí y encontraron el empate con Pinamonti nada más arrancar la segunda parte. Como ya ocurrió contra el Atalanta, cuando jugaron 75 minutos con diez y firmaron un 2-1 sonado en casa, esta vez también el Sassuolo se creció en la adversidad. El equipo de Grosso, sin Matic, Thorstvedt, Turati y Coulibaly por tos ferina, con Laurienté en el banquillo, se llevó un punto de oro.
La trastada a la Juve
Fue un empate sufrido y merecido. El Sassuolo, que parecía la víctima propiciatoria, tiró de orgullo y carácter. Pasó a principios de marzo ante el Atalanta y volvió a pasar ayer con la Juve. En términos pugilísticos, el Sassuolo de Grosso es como un viejo boxeador de barrio: no tiene cuerpo de peso pesado, no noquea en el primer asalto, pero cuando le arrinconas y le metes un derechazo en toda la cara, en vez de caer se levanta, escupe el protector bucal y te mira con ojos que dicen: «ahora veremos quién ríe el último». Volpato fue claro: «Nos dijimos que quizá ellos pensarían en un día plácido y queríamos aguarles la fiesta». Y así fue.