Espectadores en el Lario: la crónica incapacidad del Pisa SC para llevar la iniciativa
El rotundo 5-0 encajado por el Pisa SC en el Giuseppe Sinigaglia ante el Como 1907 supone un frenazo en seco tras la ilusoria victoria en casa ante el Cagliari. El análisis del día después no puede obviar las estadísticas del choque, que dibujan un panorama táctico alarmante para el equipo de Oscar Hiljemark. La tabla es demoledora: a ocho jornadas del final, los toscanos siguen anclados en el farolillo rojo, empatados con el Verona. El abismo es profundo, pues la cuarta plaza por la cola, garantía de permanencia y que actualmente comparten Lecce y Cremonese, está a 9 puntos. El parón de selecciones llega quizá en el momento más oportuno para digerir una actuación en la que el plan del Pisa fue desmontado, pieza a pieza, por el dominio con balón del cuadro de Como.
El dato más elocuente de la tarde en Como fue la posesión: un pírrico 26,71% para el Pisa frente al 73,29% de los locales. Una desproporción abismal que obligó a los toscanos a un ejercicio de contención puro y estéril. Los datos físicos confirman la asimetría: el equipo de Hiljemark recorrió más kilómetros que el Como (113,5 km por 109,8), muestra del esfuerzo de un bloque forzado a correr constantemente detrás de la circulación rival. La pasividad táctica del Pisa se aprecia en la altura media del bloque: en la primera parte se quedó en apenas 42,4 metros, mientras el Como se instaló con comodidad en 56,62 metros. Neutralizar las bandas del Como de Fàbregas partiendo tan atrás fue misión imposible.
La fase de reconquista y las transiciones no aparecieron. La diferencia técnica se refleja sin piedad en el cómputo de pases completados: apenas 217 para los de Hiljemark (79% de acierto) por los apabullantes 637 del Como (93%). Aún más sangrante es el dato en la zona de tres cuartos rival, donde el Pisa completó solo 30 pases por los 127 del conjunto de Como. Esta esterilidad en la construcción se tradujo en una ausencia total de peligro real: cero tiros a puerta en siete intentos, cuatro bloqueados por la zaga y tres desviados. El único que trató de romper la inercia fue Mehdi Léris, el más vertical de los suyos según el índice (3,71), autor de 5 centros y 2 regates buenos, pero su empeño quedó en un esfuerzo aislado que nunca conectó con un apagado Stefano Moreo.
Atrás, la zaga de tres sufrió desde el primer minuto. El gol de Assane Diao a los 7' hizo saltar por los aires cualquier plan conservador trabajado en la semana. El propio Diao fue un jeroglífico irresoluble para el carril zurdo del Pisa: firmó un 100% de acierto en el pase (32 completados) y puso hasta 6 centros al corazón del área. Simone Canestrelli fue el emblema del sufrimiento atrás: encarado sin descanso y amonestado ya en el 35', padeció la movilidad de Nico Paz y las continuas incorporaciones rivales. Los intentos de Hiljemark por corregir sobre la marcha, con la entrada de Meister por Akinsanmiro al inicio de la reanudación y, más tarde, de Stojilkovic, no movieron un ápice la inercia. El gol del 3-0 de Baturina en el 48' apagó definitivamente la luz, provocando un inevitable bajón físico y mental en el tramo final que abrió de par en par la puerta a los tantos de Nico Paz (75') y Perrone (81').
Los números del Sinigaglia dictan un veredicto inapelable: el Pisa evidenció una preocupante fragilidad estructural ante equipos capaces de dominar el balón. Perseguir al rival durante casi cien minutos sin lograr chutar entre palos obliga a una reflexión profunda. Ahora el campeonato se para. Recuperar 9 puntos en ocho partidos para alcanzar a Lecce o Cremonese exige un auténtico milagro deportivo: para creérselo, el Pisa deberá exprimir este parón para reencontrar el equilibrio y la agresividad vistos ante el Cagliari, virtudes que se esfumaron a orillas del Lario.