El verdadero Bolonia resurge en Europa: actuación, lamentos y un sueño por alcanzar en Roma
La noche de Europa League devuelve por fin al verdadero Bolonia. El que en la Serie A, en los últimos meses, se había mostrado más plano y menos incisivo, pero que en Europa sigue desatando toda su efervescencia.
Al margen del tropiezo en el debut ante el Aston Villa —posible rival de las italianas en cuartos tras el 0-1 en Lille—, el camino europeo de los rossoblú habla claro: el de ayer fue el décimo partido consecutivo sin perder. Un dato que certifica la calidad del trabajo y, a la vez, recuerda lo difícil que es sobrevivir al ritmo feroz del calendario entre jueves y domingo. Algo, inevitablemente, se queda por el camino, sobre todo si no tienes dos onces competitivos. Y el Bolonia, en realidad, no puede permitírselo, especialmente con piezas clave como Jhon Lucumí y Santiago Castro obligados prácticamente a hacer horas extra.
En la víspera, Vincenzo Italiano estaba obligado a gestionar una presión enorme. La dura derrota del domingo ante el Hellas Verona había reavivado dudas y tensiones, mientras que el Dall’Ara —que era un fortín— se ha convertido últimamente en un auténtico quebradero de cabeza: siete derrotas en los últimos nueve partidos en casa. Enfrente, Gian Piero Gasperini tenía que lidiar con una emergencia de efectivos casi sin precedentes. La última baja, la de Manu Koné, se sumó a una lista larguísima que incluía a Angeliño, Soulé, Dybala, Ferguson, Dovbyk y el sancionado Mancini. Nada de estética: para ambos la prioridad era, simplemente, seguir en la pelea.
Ahora bien, si hubo un equipo que de verdad intentó ganarla de principio a fin, ése fue el Bolonia. El termómetro del choque fueron los lamentos: mucho mayores del lado rossoblú. Durante unos setenta minutos, el equipo de Italiano llevó el control del partido y dio la sensación de poder decantarlo definitivamente.
No es casualidad que, en el pospartido, el gesto del técnico rossoblú transmitiera sentimientos encontrados. Por un lado, satisfacción; por otro, un punto de frustración.
"Después de mucho tiempo —explicó Italiano— he vuelto a ver muchas cosas del viejo Bolonia". Pero en sus palabras también se percibía un tirón de orejas simbólico a los suyos: ¿por qué esta versión del equipo no se vio también en los meses difíciles de la Serie A?
"Dentro de mí conviven dos sensaciones —admitió el técnico—. Por un lado, la satisfacción por la actitud, la aplicación y el espíritu que nos habían permitido ganar tantos partidos al inicio de la temporada. Por otro, pienso que, si hubiéramos jugado siempre así, desde enero en adelante habríamos sacado algún partido más".
Ahora la mirada apunta a Roma. El pasado no se puede cambiar, pero el futuro sí, y la actuación de ayer ofrece una base más sólida sobre la que construir. Dentro de siete días, en el Estadio Olímpico, el Bolonia intentará firmar la machada. Un escenario que evoca algunas de las páginas más gloriosas de la historia rossoblú: desde el Scudetto de 1964 a los triunfos en la Copa de Italia diez años después, hasta el recuerdo más reciente, el del pasado 14 de mayo. Una tradición de grandes noches romanas a la que los rossoblú esperan añadir un nuevo capítulo.