El Inter, a hombros de Pio Esposito. Pero Chivu también busca al mejor Thuram
“El chico llegará, aunque tenga los hombros estrechos”, canta De Gregori. Solo el tiempo dirá hasta dónde puede llegar Pio Esposito con la camiseta del club y de la selección. La certeza es que hablamos de un diamante en bruto que hay que pulir con mimo, con condiciones fuera de lo común. El futuro del '94' hoy pasa por el Derbi de Milán, un partido que ya vivió en su etapa en la cantera nerazzurra, primero con el sub-17 y luego con el sub-19. En ambas marcó, pero nunca ganó. Y para un chico acostumbrado a anteponer el equipo a lo individual, no son buenos recuerdos. Mañana intentará cumplir el sueño de tumbar a los rossoneri, quizá con uno de los suyos, gol de '9' a la vieja usanza en un fútbol empeñado en una modernidad no siempre bien definida. Pero la fuerza de Pio Esposito no reside solo en el gol, sino en la actitud. Porque el 2005 no es solo físico; al contrario. Hablamos sobre todo de fortaleza mental y de una humildad fuera de lo normal. “A Pio no se le puede reprochar nada”, dijo recientemente Dimarco. Y con razón. La gloria del gol es el pan de cada día para un delantero, pero incluso cuando vio puerta contra el Bodo Glimt el ex ariete del Spezia no se puso medallas. Sin Lautaro, el Inter FC se apoya en sus hombros, desde luego no tan estrechos como los del número siete de la Leva calcistica del 68.
Desde hace tiempo, Pio venía haciendo pareja fija con Lautaro, desplazando incluso a Thuram en la jerarquía flexible de Cristian Chivu. A su lado estará Thuram, un experto en derbis, que grabó a fuego su historia de nerazzurro con dos tantos que los hinchas aún llevan en el corazón. El primero —un misil a la escuadra— en la goleada por 5-1 del derbi de la primera vuelta, en la temporada de la segunda estrella. El segundo —un derechazo raso y envenenado al primer palo— en aquel partido bajo la lluvia que certificó oficialmente el Scudetto para el equipo de Inzaghi. Quizá al '9' le haga falta precisamente el AC Milan para reencontrarse con el gol, respaldado por el joven socio del área. Mañana el Inter FC necesita recuperar los goles de sus delanteros, llamados a que no se note la ausencia de Lautaro Martínez. Bonny estará, pero debería partir desde el banquillo para entrar con el partido en marcha.
Chivu decidirá mañana quién sale de inicio en un derbi que puede darle el Scudetto a los nerazzurri. Estará Calhanoglu, un ex nunca querido por los rossoneri, a quien aún le escuece el penalti fallado en la ida que Maignan le detuvo. Habrá recibimiento infernal también para Alessandro Bastoni, ya abucheado por las gradas de Lecce y Como. Chivu exige máxima concentración. El derbi vale más que el orgullo ciudadano. Y una derrota nerazzurra podría desatar un maremoto: la tormenta perfecta que el técnico rumano quiere evitar para que la nave no zozobre.