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El caso Bastoni acaba con cualquier duda: toca actualizar el protocolo del VAR

de Simone Bernabei

Minuto 42 del Inter FC-Juventus, Derbi de Italia seguido en todo el mundo. El árbitro La Penna se equivoca de forma clamorosa y muestra sin dudar la tarjeta amarilla, la segunda, a Pierre Kalulu. Doble amarilla y expulsión para el francés, y la Juventus se queda con diez para más de medio partido. Un error, decíamos: Kalulu estira el brazo, sí, pero sin cometer falta alguna sobre Alessandro Bastoni. El defensa del Inter FC, visto desde cualquier ángulo, firma un piscinazo, una simulación en toda regla. Que acaba en la expulsión del rival. Ironías del destino: si La Penna hubiese apreciado la simulación, quien se habría ido a la ducha habría sido el propio central internacional italiano, previamente ya amonestado.

Una jugada de campo en la que el VAR no puede hacer nada. En el caso concreto de una amonestación, la sala VAR de Lissone no está facultada para intervenir, quedando todo al criterio del colegiado sobre el césped. Una anomalía en una era en la que la tecnología se usa mucho y a menudo, a veces incluso de forma abusiva. Una situación que llega después de otra simulación ocurrida por la tarde, la de Parisi, de la ACF Fiorentina, por un toque de Addai en el partido contra el Como.

A la luz de las imágenes, resulta claro y evidente (por usar la jerga arbitral) que hay que revisar algo. Actualizar ese protocolo que pretende llevar la objetividad al máximo nivel. Porque si el reglamento hubiera permitido intervenir al VAR, quien se habría quedado con diez a los 42 minutos habría sido el Inter FC y no la Juventus. De ahí la necesidad de una actualización: que también las tarjetas amarillas, al menos las más controvertidas, sean revisables. O, como mínimo, que puedan ser objeto de una solicitud desde los banquillos, ese famoso challenge del que se habla desde hace tiempo con la mente abierta pero que hasta ahora nunca se ha adoptado.


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