.

El ‘Año que vendrá’ no llega: el Bolonia de los lamentos y de un Dall’Ara que ya no asusta a nadie

de Leonardo Nevischi

El año viejo ya se acabó. Pero aquí todavía hay algo que no va”. Así cantaba Lucio Dalla en 'L’anno che verrà' y pocas veces ese verso —que suena en el Dall’Ara al final de cada partido en casa— ha sido tan pertinente. De hecho, 2026 ha empezado exactamente como acabó 2025: entre dificultades, lamentos y una identidad que no termina de encontrarse.

Hubo un tiempo en que el Dall’Ara era un fortín, un lugar donde jugar era cuestión de supervivencia, sobre todo para los más fuertes: solo dos derrotas en casa la pasada temporada, además ante el Hellas Verona y en la última jornada con el Genoa, cuando todo estaba ya escrito. Hoy aquel bastión parece una foto descolorida por el tiempo y los resultados.

El 2-2 ante el Celtic es otra pieza de un mosaico que se sigue armando al revés. Una remontada que evita la derrota pero no borra los lamentos; al contrario, los agranda. Porque el Bolonia de Vincenzo Italiano jugó más de una hora en superioridad numérica y, aun así, se vio dos goles abajo, con el segundo encajado incluso en once contra diez. Una contradicción que explica mejor que mil palabras el momento del cuadro rossoblú.

Con este empate se esfuma —no aún matemáticamente, pero en la práctica sí— la opción de acabar entre los ocho primeros y ahorrarse la doble ronda de playoff. Ahora el destino pasa necesariamente por el último partido, el próximo jueves ante el Maccabi Tel Aviv: ganar será clave para llegar como cabeza de serie y asegurarse la vuelta en el Dall’Ara. Un Dall’Ara que, eso sí, hoy ya no asusta a nadie.

Los números son demoledores. En los últimos cinco partidos de Liga en casa han llegado cuatro derrotas y un empate. La Europa League, que podía ser un acicate, un chute emocional, no ha encendido nada.

Y pensar que hasta noviembre este Bolonia parecía un equipo casi perfecto. Luego algo se rompió: una sola victoria en las últimas nueve jornadas, además contra el Hellas Verona, colista, sufriendo hasta el final. 6 puntos de 27 posibles, 5 derrotas. Traducido: más de la mitad de los partidos, perdidos. Números que no corresponden a un equipo capaz de meterse en la Champions League y de levantar una Copa de Italia.

Contra el Celtic, Italiano intentó cambiar el guion por todos los medios. Desde el 73', dibujó un inédito 4-1-4-1 ultraofensivo, con Moro por delante de la zaga y una batería de mediapuntas y extremos —Orsolini, Odgaard, Rowe, Cambiaghi— para arropar a Dallinga. Desde el 84', apretó aún más, metiendo a Lykogiannis por Casale, renunciando a un defensa puro para aumentar la presión. Coraje no faltó, ideas tampoco.

El problema, otra vez, fueron los goles encajados. El harakiri de Skorupski, que reaparecía tras 75 días de baja, pesa como una losa. Como también la enésima diana encajada a balón parado, un asunto convertido ya en un expediente grueso y alarmante. Impresiona el dato de los córners: 16 para el Bolonia, apenas 2 para el Celtic. Y precisamente en uno de esos dos llegó el gol escocés.

El empate mantiene abierta una puerta europea, pero agranda un socavón de dudas. El Bolonia remonta, reacciona, no se rinde nunca. Pero ya no basta. Dalla cantaba que “El nuevo año traerá una transformación” y cabe decir que “ya la estamos esperando todos”.


Otras noticias