El AC Milan de siempre ante las pequeñas, pero esta vez con un final feliz importantísimo
"Qué dura es la subida", cantaba el poeta. Y nunca como ahora la imagen describe a la perfección la noche del AC Milan. Los rossoneri sufren, tropiezan y pasan apuros, pero al final se mantienen en pie y asestan el golpe en el tramo final contra el Pisa. Tres puntos de muchísimo peso, que estiran la racha a 23 partidos seguidos sin perder en la Serie A y permiten ver desde el sofá el Inter FC-Juventus y el SSC Napoli-AS Roma: pase lo que pase, alguien de arriba cederá terreno.
Y, sin embargo, una vez más, el guion es el de siempre. El AC Milan sufre ante equipos ordenados, compactos, que se encierran y le entregan el balón. Cuando le toca llevar el peso del partido y desmontar defensas atentas, el equipo de Allegri tiene problemas para encontrar ritmo y espacios. En la primera mitad la posesión es casi toda rossonera, pero el Pisa se defiende con disciplina y sale con peligro. Stojilkovic roza el 0-1, pero se topa con el de siempre, Maignan, decisivo, un guardián infranqueable. Al borde del descanso, sin embargo, es Loftus-Cheek quien abre la lata y manda al Diavolo a vestuarios con algo más de aire.
La reanudación arranca con la ocasión que podía cerrar el partido: Fullkrug tiene en su bota el penalti de la posible sentencia, pero lo tira fatal. Un error que vuelve a meter en el partido al Pisa, hasta entonces ahogado. Los toscanos se vienen arriba, ganan confianza y, un cuarto de hora después, golpean con Loyola, en su primer gol en la Serie A, enmudeciendo San Siro y reabriendo todo. Parecía otra noche torcida ante una "pequeña". Pero esta vez el final es distinto. Cuando sube la tensión y se palpa el miedo a tirar por la borda más puntos, es Modric quien acapara los focos. Con clase, experiencia y sangre fría, se saca de la chistera la jugada que vale tres puntos de oro. No fue una victoria brillante ni una exhibición, pero sí un triunfo de equipo maduro, que sabe sufrir y golpear en el momento justo.