Derbi de Italia, la cara oculta del Inter FC. Por qué Chivu debe mantener a todos en tensión
Hay otra cara del Derbi de Italia, menos evidente que el gol de Zielinski, la expulsión de Kalulu, las polémicas envenenadas y la fuga del Inter FC en la cima de la clasificación. Hay que mirar a los entresijos del partido para hacer brillar la cara oculta de la luna, la que puede dejar inquieto a Cristian Chivu también con vistas a la Champions League. El triunfo nerazzurro borró del debate una actuación no tan brillante, como admitió el propio técnico rumano en la rueda de prensa posterior. El Inter FC, la noche del sábado, se mostró espeso, a menudo impreciso, y sin duda afortunado para llevarse a casa una victoria pesada como una losa.
No se trata solo del empate de Locatelli, firmado por los bianconeri después de pasar casi toda una parte en inferioridad numérica. Hablamos de un equipo que se estaba atascando en su propio juego, aún víctima de errores de bulto que Chivu querrá corregir de cara al duelo del miércoles por la noche ante el Bodo/Glimt. El despiste de Luis Henrique en el empate de Cambiaso, el despiste de Lautaro Martinez al perder el choque con Bremer —de ahí nace el 2-2 provisional—, la falta de claridad para adueñarse de verdad del balón en varios tramos del encuentro. Incluso antes de la jugada bisagra del toque fantasma sobre Bastoni.
Un equipo que pelea por el Scudetto no puede ir siempre a cien por hora, eso está claro. El Inter FC no pierde en la Serie A desde el partido contra el AC Milan y, tras aquel zarpazo de Pulisic, encadenó una sólida racha de victorias, solo interrumpida por el empate ante el SSC Napoli. El lado oculto del derbi no es el de un Inter FC ahogado físicamente o a medio gas; es la cara de un conjunto poderoso pero a menudo superficial, por momentos temeroso, salvado por las genialidades de sus futbolistas más finos, porque en el fútbol, como diría Allegri, son los hombres quienes marcan la diferencia, nada más. En la rollercoaster por el Scudetto, el Inter FC sigue siendo el primero de la clase. Y, aun así, el partido contra la Juventus, por todo lo que había en juego, dejó al descubierto alguna grieta. Mínima, desde luego. Pero visible para un ojo tan atento como el de Chivu. El hombre capaz de reconstruir un equipo a partir de los escombros de Múnich, uniendo las grietas con oro, como en el arte japonés del kintsugi. Un trabajo de artesano aún por completar. Y, más que teoría, hará falta cada vez más pragmatismo.