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Derbi de Italia, la cara oculta del Inter FC. Por qué Chivu debe mantener a todos en tensión

de Bruno Cadelli

Hay otra cara del Derbi de Italia, menos visible que el gol de Zielinski, la expulsión de Kalulu, las polémicas envenenadas y la fuga del Inter FC en lo alto de la clasificación. Hay que mirar a los recovecos del partido para hacer brillar la cara oculta de la luna, la que puede dejar inquieto a Cristian Chivu pensando en la Champions League. El triunfo nerazzurro borró del debate una actuación no tan brillante, como admitió el propio técnico rumano en la rueda de prensa posterior. El Inter FC, el sábado por la noche, se mostró espeso, a menudo impreciso y, desde luego, afortunado al llevarse una victoria tan pesada como una losa.

No es solo el empate de Locatelli, firmado por los bianconeri tras pasar casi toda una parte en inferioridad numérica. Hablamos de un equipo que se estaba atascando en sí mismo, todavía presa de despistes evidentes, a los que Chivu querrá poner remedio de cara al duelo del miércoles por la noche ante el Bodø/Glimt. La desconexión de Luis Henrique en el empate de Cambiaso, el despiste de Lautaro Martínez al perder el duelo con Bremer —de ahí nace el 2-2 provisional—, la falta de claridad para adueñarse de verdad del juego en varios tramos del choque. Y todo, incluso antes de la acción bisagra del toque fantasma sobre Bastoni, el 'no contacto' de la discordia.

Un equipo que pelea por el Scudetto no puede ir siempre a cien por hora, está claro. El Inter FC no pierde en liga desde el partido contra el AC Milan y, tras aquel zarpazo de Pulisic, encadenó una sólida serie de victorias, rota solo por el empate ante el SSC Napoli. La cara oculta del derbi no es la de un Inter FC fundido o a medio gas; es la de un equipo poderoso pero, por momentos, temeroso y agarrotado, salvado por las acciones de calidad de sus futbolistas más determinantes, porque en el fútbol, como diría Allegri, son los hombres los que marcan la diferencia, nada más y nada extraño. En el rollercoaster por el Scudetto, el 'Biscione' sigue siendo el primero de la clase. Y, aun así, el partido contra la Juventus, por su enorme trascendencia, dejó al descubierto alguna grieta. Mínima, sí. Pero visible para un ojo atento como el de Chivu. El hombre capaz de reconstruir un equipo a partir de los pedazos de Múnich, embelleciendo las cicatrices con bordados de oro, como en el arte japonés del kintsugi. Un trabajo de artesano aún por completar. Y, más que teoría, hará falta un pragmatismo creciente. Un jarrón bonito pero todavía en equilibrio sobre la vitrina.


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