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De Italia a Samoa, la historia del míster Raccuglia: «En Oceanía el tiempo tiene otro valor»

de Francesco Benvenuti

De Leinì (municipio a las afueras de Turín) a Auckland; de Italia a Nueva Zelanda, hasta enseñar fútbol en Samoa. Un viaje que va mucho más allá del tiempo y la distancia y que abraza nuevas culturas, futbolísticas y no solo. La increíble historia de Valerio Raccuglia, hoy entrenador, arranca de hecho el día de su lesión: con 28 años se ve obligado a colgar las botas y, a través de amigos, decide mudarse a Dinamarca para trabajar primero como ojeador y luego como segundo entrenador. La vida en el fútbol es a menudo precaria y, tras un despido inesperado, Raccuglia opta por tomarse un tiempo para él y su familia en Nueva Zelanda. ¿El resultado? Desde 2011 Oceanía se ha convertido en su casa.

Raccuglia, ¿cómo fue el impacto con Nueva Zelanda?
En muchos aspectos, un shock. En Italia y en Dinamarca el fútbol estaba en todas partes; en Nueva Zelanda, como mucho, encontrabas una notita de tres líneas en el periódico. En la tele mandaba el rugby, con repeticiones interminables de los All Blacks, incluso cuando había un partido de fútbol en directo (que no se emitía). Y lo de ver la Champions por la mañana, con el café, también me impactó. Empecé a trabajar enseguida con la cantera y luego, en Wellington, como analista del Wellington Phoenix; una vez allí, tras la licencia obtenida en Europa, sumé también la de Oceanía.

¿Y ahora mismo, cómo se sitúa el fútbol en difusión respecto al rugby?
Aquí, en Nueva Zelanda, el fútbol ha crecido en la última década. En los colegios ya hay más chavales que juegan al fútbol que al rugby. Tener dos equipos en la A-League, la liga profesional australiana, ha influido mucho. Ahora hacen falta las personas adecuadas en el lugar adecuado para mantener esta tendencia.

¿Y qué nivel tiene Nueva Zelanda?
En lo que respecta a la selección, sin Australia en la zona, está claro que la clasificación para los Mundiales se ha vuelto casi un trámite. Gracias a ello, la Federación puede organizar amistosos de nivel, y cada vez hay más neozelandeses en Europa, ya sea en las máximas categorías o en segundas divisiones potentes como la inglesa.

Y en ese contexto fuiste durante más de dos años entrenador del equipo sub-23 del Auckland City FC.
El Auckland City FC ha sido durante mucho tiempo el club más representativo de Nueva Zelanda y ha tenido en numerosas ocasiones el escaparate del Mundial de Clubes. Con la fundación del Auckland FC (que compite en la A-League australiana) la competencia en la ciudad ha aumentado.

Luego llegó la opción de ser seleccionador de las selecciones sub-16 y sub-19 de Samoa.
En el continente nunca bajamos del séptimo puesto, incluso ganamos algún partido de clasificación para los Mundiales de la categoría, pero la forma de entrenar es completamente distinta a la nuestra: en Europa la técnica básica se trabaja desde muy pequeños; en Samoa lo hacíamos con chicos de 16 años, a los que también tuvimos que explicar el porqué de ciertos movimientos. Aun así, me encontré con chavales siempre dispuestos y con ganas de aprender: eso nos facilitó el trabajo. Y en las islas de Oceanía el fútbol no para de crecer. Claro que hay que adaptarse a muchas situaciones…

¿Por ejemplo?
Aquí, en las islas, los horarios valen poco. Si el entrenamiento está fijado a las 16:00, empezamos a las 16:15 y los jugadores van llegando a cuentagotas. El tiempo y la puntualidad tienen otro significado. No fue fácil de gestionar para alguien como yo, criado con normas estrictas y multas por llegar tarde a entrenar. Pero hay que adaptarse y encontrarse en un punto intermedio: experiencias que me enseñaron el arte de la flexibilidad.

¿Mantienes el vínculo con Italia?
Familia y amigos siguen en Italia. Siempre he sido de la SS Lazio, ¿y sabes por qué? Para no enfadar ni a mi tío, hincha del Torino FC, ni a mi padre, de la Juventus. De niño me sacaron abono de ambos equipos: yo encantado, porque así todos los domingos estaba en el estadio. Al final, cuando tuve que elegir, por una cuestión de colores me quedé con la Lazio. Pocos años después, en blanquiceleste, llegó Gascoigne, mi jugador favorito de la época. Estaba escrito.

¿Qué ves en tu futuro?
He estado unas semanas en Samoa Americana, pero de momento no se ha concretado nada. La carrera de un entrenador siempre es incierta: podría incluso decidir dejar Oceanía —he recibido algunas llamadas de Asia y también nos hemos planteado volver a Europa—, pero mis hijos han crecido, e incluso nacido, aquí, así que hay mucho que valorar. Cuando llegamos pensábamos quedarnos un año y ya llevamos 15 en Nueva Zelanda. Para un entrenador, en cualquier continente, rige la misma norma: hay que trabajar sí o sí.


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