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¿Cómo puede el fútbol italiano protegerse de los talentos de 16 años que se marchan al extranjero? Las claves

de Marco Conterio

Proteger al fútbol italiano y a los jóvenes futbolistas de la fuga al extranjero. En plena reflexión profunda, el tema está encima de la mesa: ¿cómo logra nuestro fútbol que los Samuele Inacio, Guido Della Rovere y compañía no caigan en los cantos de sirena de un gran club foráneo y acepten quedarse en Italia? ¿Cómo puede defenderse un club italiano? Primero, conviene aclarar algo para los nostálgicos del "cuando los mejores italianos se quedaban en casa". Antes la Premier League no era la fuerza que es hoy, la Bundesliga tampoco, y así sucesivamente. Ahora incluso un club danés o austríaco bien gestionado puede resultar muy atractivo para un chico. No existía un Brighton, un RB Salzburgo o un Friburgo capaces, a golpe de millones, de convencer al Casiraghi, Baggio, Zola, Buffon o Ferrara de turno. El mejor jugador del equipo más humilde, o de media tabla, tenía como destino natural un grande de Italia. Hoy ya no.

Y los motivos son múltiples. Fichar y, sobre todo, blindar a un joven italiano se ha vuelto una empresa complicadísima. Miren el caso de Gianluigi Donnarumma: primer contrato con el AC Milan a los 16. En Italia no existe la obligación de incluir una cláusula de rescisión como en España, donde a los mejores se les coloca una "ficticia" de cientos de millones para atarlos. Contratos de tres años (válidos para todos hasta los 18), posibles opciones firmadas en preacuerdos privados pero sin garantías adicionales. ¿Cómo se protege hoy un club italiano? Hasta los 16 es imposible firmar un contrato profesional. Un club extranjero puede ofrecer un contrato a un italiano de 16 en cuanto cumple la edad mínima, pagando solo la compensación por formación fijada por la FIFA (a menudo irrisoria frente al valor real del talento).

¿Cuánto vale la compensación por formación de la FIFA?
Se aplica cuando un futbolista firma su primer contrato profesional en el extranjero o se transfiere entre dos federaciones distintas. El cálculo se basa en la categoría del club que incorpora al jugador. Esas cantidades se multiplican por cada año de permanencia del chico en el club formador entre los 12 y los 21 años. En resumen: si un club de la Serie A tiene un talento de 16 años y no logra cerrar el acuerdo para su contrato, un club extranjero puede llevárselo abonando apenas unos 300/400 mil euros de indemnización fija. Para un jugador que podría valer millones, el riesgo es enorme.

Como máximo, tres años
Como se ha dicho, la norma rige para todos en Europa, también en Italia. Según el art. 28 de las NOIF (Normas Organizativas Internas de la FIGC), los futbolistas menores de edad no pueden suscribir compromisos contractuales por un periodo superior a tres años. Cualquier cláusula que establezca una duración mayor se considera nula. Eso mismo prevé la FIFA. El artículo 18.2 establece claramente que los menores de 18 no pueden firmar contratos de más de tres años. La FIFA no reconoce la validez de ningún acuerdo más largo.

¿Cómo protegerse (ahora)?
Imposible. Porque el músculo económico de las grandes ligas extranjeras seduce a nuestros chicos. La ecuación es simple: con 16 años solo se puede firmar, como máximo, por tres temporadas; a partir de los 18, por cinco. No hay atajos salvo uno: creer en ellos, invertir también económicamente y darles espacio de inmediato para no perderlos y evitar que emigren a otros campeonatos. Presentarles un proyecto deportivo y, si se puede, estructurar una cláusula de rescisión que proteja al club que apuesta por el joven, sabiendo, eso sí, que al cumplir 19 podría quedar libre a coste cero.

¿Qué podría cambiar?
La Federación podría trabajar y presionar para permitir en Italia contratos más largos, de cinco años; para que el primer contrato se firme desde los quince; y para que las cláusulas de rescisión se conviertan en una costumbre, protegiendo también al club que invierte en el chico. Pero, antes que nada, debe cambiar la mentalidad. Los chavales tienen que jugar en Italia. Y esa ya es otra historia.


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