Caos arbitral, ¿qué pasa? De momento no habrá intervención, pero Gravina impulsa la profesionalización
Las vicisitudes de la Asociación Italiana de Árbitros (AIA), y en particular de su presidente Antonio Zappi, van por un lado. Las reformas arbitrales que impulsa el presidente federal Gabriele Gravina, por otro. Es, pese a la llamativa coincidencia temporal, el mensaje que llega desde la Federación Italiana de Fútbol (FIGC) en una tarde marcada por la confirmación de la inhabilitación del número uno de la AIA. Pero vayamos por partes.
Esta tarde llegó la sentencia de la Corte Federal de Apelación, que confirma íntegramente el fallo de primera instancia y mantiene los 13 meses de inhabilitación para Zappi. El caso, conviene recordarlo, nace de las supuestas presiones de este último para renovar con un año de antelación las cúpulas de los órganos técnicos de Serie C y Serie D, con la dimisión de los ex designadores Ciampi y Pizzi para sustituirlos por Orsato y Braschi. Zappi ya ha anunciado recurso ante la tercera instancia de la justicia deportiva, es decir, el Colegio de Garantía del Deporte del CONI, considerado extrafederativo porque —a diferencia del Tribunal Federal Nacional y de la Corte Federal de Apelación— es el único órgano del proceso deportivo que no depende de la FIGC. En esencia es una especie de Tribunal Supremo del deporte, por lo que resulta complicado que tumbe el veredicto, aunque buena parte de las objeciones de Zappi y sus abogados versan sobre cuestiones procedimentales. Para presentar el recurso, eso sí, hacen falta las motivaciones de la sentencia de hoy, que llegarán en un plazo de diez días. Y ese paso también es clave para la FIGC.
¿Habrá intervención? Por ahora, no. Esta tarde se celebró en la federación una mesa de trabajo sobre las reformas —a ella volveremos— en la que se abordó el asunto, pero a día de hoy no se contempla intervenir la AIA. Técnicamente, la inhabilitación de Zappi le haría perder el cargo de presidente de la AIA: la pérdida es automática si la sanción supera los 12 meses; a él le han caído 13 y, en el pasado, ya había recibido 10 (las inhabilitaciones se acumulan). El “problema” es que sobre esa pérdida debe pronunciarse el Comité Nacional de la AIA, que ha explicitado en varias ocasiones su apoyo a Zappi: difícil que ocurra. Para evitar un choque frontal, en esta fase la FIGC —la competencia es del Consejo Federal, no del presidente Gravina— no dará el paso de intervenir la AIA, al menos por ahora. La intención es esperar las motivaciones y, probablemente, también la fijación de la vista ante el Colegio de Garantía del Deporte. Si los plazos fueran breves, incluso se podría aguardar la sentencia antes de dar más pasos.
¿Y las reformas? Como decíamos, hoy se abordaron en la FIGC. Además de la voluntad de evitar un choque institucional, uno de los motivos por los que Gravina no forzará una intervención inmediata es mandar un mensaje: son dos asuntos distintos y las reformas son necesarias al margen del caso Zappi. Hoy el presidente federal presentó a las partes -en breve se espera un comunicado oficial- lo que se ha definido como la PGMOL a la italiana, es decir, una sociedad que se encargaría de la gestión de los árbitros de élite, los de la CAN (Serie A y Serie B), que pasarían a ser profesionales. La novedad, respecto a capítulos anteriores, es que la nueva sociedad sería de titularidad exclusiva de la FIGC, con aportaciones económicas de la Serie A y la Serie B: esa es la gran diferencia con la PGMOL inglesa (Professional Game Match Officials Limited), que, en la práctica, depende principalmente de la Premier League desde cualquier punto de vista.