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Bolonia, mercado de invierno a saldo cero: pocas certezas y muchas preguntas

de Leonardo Nevischi

El mercado de invierno del Bolonia se cerró sin fuegos de artificio y con una sensación general de obra inacabada. No tanto por la ausencia de un bombazo, sino por el balance global de las operaciones. A pocas horas del duelo contra el AC Milan, segundo en la tabla, el tema del mercado sigue planeando como una nube que no termina de disiparse.

Los números hablan claro: tres jugadores vendidos —Holm, Fabbian e Immobile— más Sulemana, que ya ha visto puerta con el Cagliari, reemplazados por dos descartes cedidos hasta junio, Sohm desde el ACF Fiorentina y João Mario desde la Juventus, ambos con un papel residual en sus equipos. Para completar el cuadro, llegó el noruego Helland, de 20 años, un defensa con proyección y buenas maneras, pero que inevitablemente necesitará tiempo para adaptarse a la Serie A y a los automatismos de Vincenzo Italiano.

No se concretó la salida de Domínguez, en el alambre hasta el último día: el Cagliari apretaba, pero el Bolonia resistió al no encontrar un relevo a la altura. Una decisión prudente, que retrata un mercado más defensivo que propositivo. Mientras, casi todos los rivales se han reforzado y el Bolonia se ha quedado, en esencia, parado.

De ahí nace la valoración global: difícil considerarlo un mercado positivo. Las motivaciones reales no se conocen y los rumores de siempre no ayudan a aclarar nada. Lo que sí parece evidente es que los jugadores que han salido han encontrado destinos atractivos y sueldos por encima de las posibilidades del club boloñés. El riesgo, a largo plazo, es claro: si siempre se satisfacen los deseos individuales, el mensaje que cala es que pedir salir compensa. Y tarde o temprano podrían ponerse a la cola otros más.

En el plano económico, la operación Holm-Fabbian podría dejar unos 31 millones en total si se ejecutan las opciones de compra. Pero no es, ni mucho menos, un hecho: sobre el sueco la Juventus tiene un derecho de compra; en el caso del joven italiano pesa una obligación de compra, pero solo si la Viola logra la permanencia. De lo contrario, ambos volverán en junio, probablemente más descontentos y menos motivados que antes: una variable que no se puede ignorar.

El mercado ha encendido el debate sobre todo por un intercambio simbólico: Holm por João Mario. Holm arrancó fortísimo, entre los mejores asistentes de la Serie A; luego algo se rompió. Un bajón repentino, presencia cada vez más residual, hasta la separación. Más que una decisión puramente técnica, el trueque pareció el reflejo de un equipo que busca tranquilidad antes que calidad.

Y entonces la verdadera pregunta no es “¿quién ha llegado?”, sino “¿qué necesitaba de verdad el Bolonia?”. Quizá no un gran nombre. Quizá reencontrar al grupo. Porque este Bolonia ha crecido no por las individualidades, sino apoyado en una identidad fuerte: cohesión, mentalidad, equilibrio. Una identidad que volvió a llevar a la ciudad a conquistar una Copa de Italia y a respirar aire de Europa. Y es precisamente ese equilibrio el que en los dos últimos meses parece haberse perdido.

La línea del club, reiterada también por Marco Di Vaio, fue clara: “No tenemos necesidades numéricas”. Traducido: nada de revoluciones, nada de pánico, un mercado de ajuste pensando en un verano que puede ser clave. Helland es una apuesta de futuro; Sohm y João Mario, piezas de intercambio, sin aumentar realmente la profundidad de la plantilla pero tratando de sostener el proyecto.

Ahora, sin embargo, se acabó el tiempo de los análisis. Por delante están la liga, el playoff de la Europa League y la Copa de Italia. Tres competiciones que dirán si este mercado fue simplemente prudente o realmente visionario. Quizá el verdadero golpe no llegó en enero y tenga que ser el regreso de un Bolonia que se reconoce como equipo. Porque, al final, eso es lo que de verdad hace falta: reencontrarse.


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