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Bienvenido de nuevo, Edoardo: la alegría infinita de un gol 472 días después

de Marco Conterio

Cuatrocientos setenta y dos días después. Que, escritos así, letra a letra, se hacen más largos que un latido. Y cuántos latidos, cuánto corazón, anoche, cuando volvió a marcar. Edoardo Bove salió disparado hacia la afición y, en la celebración, se subió a las vallas publicitarias y perdió el equilibrio. Buscó el abrazo, retrocedió, volvió a subirse. Como en la vida: caídas, levantadas, y la gente que nunca te deja solo. “Aunque te hayas ido de la Roma, no caminarás solo”, le escribió la extraordinaria afición del Watford.

Vicarage Road es una familia. Es el club de Gino Pozzo, con el director deportivo Gianluca Nani, que junto al agente Diego Tavano decidió poner sobre la mesa una nueva vía para la carrera y la vida de Edoardo. Un nuevo camino. El abrazo de un barrio al noreste de Londres, de una entidad que siempre ha creído en el talento —y del que Bove va sobrado—, y el miedo de aquel día, en Florencia, a que todo se rompiera. No solo la carrera. No solo sus destellos, sus zancadas, sus carreras, su ascenso.

Y, sin embargo, cuántos latidos anoche. “Cuánto lo echaba de menos”, dice Edoardo desde Roma. Después del susto, las lágrimas, y todos los abrazos que le dimos, y todas las palabras que inundaron su teléfono y las redes desde aquel momento y también anoche. “Te queremos”, le escribieron sus compañeros de la Roma y de la Fiorentina. También nosotros, Edoardo. La alegría por el gol de anoche, con el amarillo y rojo del Watford como un guiño del arcoíris del destino, es la de todos. Bienvenido de nuevo a la alegría de estas pequeñas grandes cosas.


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