Bastoni, el señalado en la noche de Zenica. Ni las tarjetas ni Turpin son excusa
Italia no estará en el Mundial por tercera vez consecutiva. Eso es lo único que de verdad importa. El fútbol italiano ha vuelto a fallar, y la derrota ante Bosnia en los penaltis es otra página más de un desastre que viene de lejos. Sin rodeos: Alessandro Bastoni quedará como el principal señalado tras la derrota en Zenica. Desde aquel episodio del pasado 14 de febrero en el Inter FC-Juventus su temporada cambió, nadie puede negarlo, y la roja que vio por una ingenuidad clamorosa en la primera parte del partido de esta noche ha cerrado el círculo de su bache negro como central del Inter FC. Una expulsión que Italia pagó carísima, justo cuando el partido se había puesto de cara.
Prohibido buscar excusas.
Al final fue Bosnia quien se llevó el gato al agua, quizá sin merecerlo, pero da igual. Y a partir de ahora tocará abrir enésimos debates sobre el fútbol italiano, incapaz de encontrar las contramedidas adecuadas tras dos fracasos consecutivos. Quien corresponda no debe agarrarse ni a la roja de Bastoni ni a las decisiones arbitrales con el francés Turpin de por medio. Muchos errores, sí, pero nada de tapar el sol con un dedo.
Gravina, a casa.
Gabriele Gravina debe presentar su dimisión, ya. Sin peros. Un presidente federativo que ha estado al frente de la FIGC durante dos fracasos consecutivos, con sendas no clasificaciones para el Mundial, no puede seguir en el cargo. Y que nadie hable de los goles fallados por Kean, Pio Esposito y Dimarco, ni de los errores desde los once metros del propio delantero del Inter FC y de Cristante. Son solo detalles; lo único cierto es esto: que Gravina se vaya a casa.