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Árbitros profesionales: qué prevé la posible reforma. Pero los sueldos ya son de profesional

de Ivan Cardia

Acelerar hacia el profesionalismo arbitral. Es el mensaje que lanzó Luciano Spalletti, incluso antes del caso Inter FC-Juventus. Y también fue un tema recurrente en la llamada de John Elkann a Gabriele Gravina. Hoy Beppe Marotta no lo ha tratado, pero en esa misma dirección iban las palabras de Giorgio Chiellini el sábado por la noche.

¿Qué prevé la reforma? La idea, que tiene en mente el presidente federal Gabriele Gravina, es crear una sociedad ad hoc. Periodísticamente se ha mirado al modelo de la PGMOL inglesa, pero también se ha hablado de un Grupo Elite. En la práctica, los árbitros de élite (los de la Serie A y quizá también de la Serie B) serían contratados a todos los efectos por una sociedad controlada por la Federación Italiana de Fútbol (FIGC), la Liga Serie A y, en su caso, la Liga Serie B. Tendrían finiquito y todo lo que corresponde a un trabajador en régimen profesional, y no podrían compatibilizar con otros empleos. Ya volveremos sobre ello.

¿Qué cambiaría? El giro sería plenamente profesionalizador. El árbitro podría —y debería— dedicarse solo a arbitrar, sin otros trabajos oficialmente declarados. Percibiría una remuneración más alta, también gracias a la libertad para gestionar sus derechos de imagen. Y, con toda probabilidad, haría formación continua, a diferencia de lo que ocurre hoy. Las concentraciones de esta temporada, por ejemplo, han sido un problema serio por la falta de fondos.

¿Pero no son ya profesionales? A medias. Como se ha dicho, todos oficialmente tienen otros empleos. En la práctica, sin embargo, un árbitro que dirige una veintena de partidos al año se embolsa unos 160.000 euros. Menos que en Inglaterra, pero en la línea de las otras cinco grandes ligas. Con una remuneración así, incluso neta de impuestos, es difícil no hablar de profesionales.


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