.

Ahora las críticas a Pio Esposito son justas. Así se llega a ser un crack

de Marco Conterio

Montaña rusa, errores, suspensos. Hay que aceptarlo todo, entenderlo todo, asumirlo como parte del camino. La paradoja: bienvenidos los 5 e incluso los 4. Bienvenidos los partidos en los que Francesco Pio Esposito aún no ejerce de líder, de referente; en los que falla goles, en los que no logra demostrar todo lo bueno que se viene diciendo de él en estos meses.

Todo bien, todo en su sitio. Porque para convertirse en un campeón —y el delantero del Inter FC tiene todas las opciones— también hay que pasar por las caídas. No solo por las portadas que lo señalan como el gran predestinado, por los editoriales y los elogios que lo ensalzan cada vez que toca o apenas roza el balón. Al contrario. Ciertos golpes de realidad, partidos como el gris ante el Como, son pedagógicos en su trayectoria, en ese camino que (ojalá) le lleve a ser el 9 del futuro de Italia. Y, en ese caso, enhorabuena para el Inter, el líder que tire del carro de los nerazzurri del mañana.

El fútbol no son solo portadas, titulares y números. Es el espejo exacto de la vida: volar demasiado alto sin medir la distancia al suelo fue el riesgo que llevó a Ícaro a quemarse las alas. Y Pio Esposito, que tiene la cabeza de un chico maduro y las condiciones de un 9 extraordinario, ya lo sabe. Que las críticas deben ser constructivas; que solo esas debe considerar y hacia esas debe apuntar. Aprender de los errores. El próximo derbi será un gran examen para Esposito; es lógico que sienta cada gramo de la presión que pesa sobre sus hombros. Y si lo falla, no será un desastre. Será otra pieza más en su camino. Aunque tiene todo para convertirlo en un éxito.


Otras noticias