¿Revolución en Marsella? La propiedad abre la puerta a la venta y a nuevos inversores, pero el precio es altísimo
En el Olympique de Marsella el tiempo parece haberse acelerado de golpe. Las certezas se han ido cayendo una tras otra y febrero se ha convertido en un punto de inflexión para el club francés, marcado por decisiones drásticas y por interrogantes que van más allá del césped. Todo se precipitó tras la salida de Roberto De Zerbi, producida pocos días después de la dura goleada por 5-0 ante el Paris Saint-Germain. Acto seguido llegó el paso atrás de Mehdi Benatia, una dimisión luego retirada a petición del propietario Frank McCourt. Mientras tanto, Pablo Longoria ha sido progresivamente apartado, con el telón de fondo de resultados decepcionantes y de la eliminación de la Champions League.
El fin de semana el club trató de restablecer un mínimo de orden: oficializó el nombramiento de Alban Juster como presidente interino del consejo de administración, y la dirección trasladó al Journal du Dimanche un mensaje de tranquilidad. Benatia seguirá hasta final de temporada: «Por sentido de responsabilidad, sin intrigas ni luchas de poder». Unas palabras reforzadas por Shéhérazade Semsar de Boisséson, que habló de una "transición institucional controlada".
Mientras tanto La Provence reavivó el tema más delicado: la propiedad. McCourt sigue insistiendo en que el OM no está oficialmente en venta, pero admite estar abierto a la entrada de nuevos inversores. Según fuentes estadounidenses, sin embargo, el dueño estaría dispuesto a una venta total por 1.200 millones de euros. Una cifra descomunal que hace que el futuro del Marsella sea tan apasionante como difícil de descifrar.