No es oro todo lo que reluce. El Al Shabab destituye a Imanol: pulso legal
El fútbol saudí nunca había estado tan bajo los focos como en los dos últimos años. La Saudi Pro League se ha erigido en actor principal, atrayendo estrellas consagradas, ex Balones de Oro e internacionales europeos con contratos mareantes. Cada ventana de mercado se convierte en un show mediático: fichajes relámpago, presentaciones por todo lo alto y cifras récord. Cristiano Ronaldo, Karim Benzema y el trueque entre N’Golo Kanté y Youssef En-Nesyri han confirmado que el campeonato del Golfo no quiere solo existir, sino competir, al menos en el plano simbólico, con las grandes ligas europeas.
Pero tras los focos la realidad es más compleja. El Public Investment Fund controla directamente cuatro clubes estratégicos —Al Hilal, Al Nassr, Al Ittihad y Al Ahli—, convertidos en auténticos instrumentos de proyección nacional. Otros, como el Al Shabab, pese a contar con jugadores conocidos en Europa, se mueven en escenarios financieros mucho más modestos, una paradoja que evidencia que la riqueza global de la liga no se traduce en equidad interna.
El episodio más grotesco llegó con el despido de Imanol Alguacil. El sábado por la mañana, el técnico acudió a la ciudad deportiva y le negaron la entrada: cuerpo técnico apartado, jugadores ausentes y ni una conversación. La carta de despido estaba simplemente sobre su mesa, dejándole atónito y obligándole a llamar a su agente. Al día siguiente, Alguacil reclamó íntegro el salario de los dieciocho meses restantes; la respuesta fue un "no" rotundo y el inicio de un pulso legal. Mientras tanto, el club nombró al entrenador del filial como sustituto interino.