La enésima fuga de La Masia: el Barça pierde al talento Dro antes de descubrirlo
A la espera de que el Paris Saint‑Germain formalice el pago de los seis millones de euros de la cláusula de rescisión, el FC Barcelona se prepara para despedirse de Pedro Fernández Sarmiento, más conocido como Dro. Un adiós que parece cantado: con 18 años recién cumplidos y poquísima experiencia en la élite, el joven centrocampista ha decidido marcharse, convencido de que en el Barça tendría poco margen para crecer. Una decisión comprensible que, sin embargo, reabre una herida nunca del todo cerrada: la de las fugas de La Masia.
El sueño de llegar al primer equipo lo comparten casi todos los chicos que se forman en Sant Joan Despí, pero la realidad es más cruda. Las plazas son pocas, la competencia es feroz y la paciencia escasea. Con un centro del campo ya saturado y una jerarquía difícil de romper, Dro ha preferido probar suerte fuera antes que seguir peleando en la sombra. El Barça ingresará seis millones, pero pierde a otro talento antes de descubrir realmente su potencial.
Dro no es un caso aislado. En los últimos años se ha multiplicado la lista de canteranos que han hecho las maletas antes de tiempo. Algunos han encontrado su camino, otros se han perdido y otros persiguen un regreso que no siempre llega. Marc Guiu, por ejemplo, tomó una decisión casi calcada, aceptando la llamada del Chelsea tras el pago de su cláusula. En el Camp Nou tenía por delante a Lewandowski, Ferran Torres y un mercado siempre listo para buscar un nuevo '9'. En Londres encontró minutos, escaparate y un proyecto que le convenció más que las promesas, pero cayó lesionado pronto.
Distinto, y más amargo, el caso de Ilaix Moriba. Considerado un predestinado, lanzado al primer equipo y blindado con un gran esfuerzo económico, dejó el Barça rumbo al RB Leipzig. En Alemania, el salto se le hizo demasiado grande: su progresión se frenó y hoy milita en el Celta, lejos de las expectativas iniciales.
También hay ejemplos de quienes se marcharon para hacerse grandes, y de quienes incluso volvieron a casa. Dani Olmo completó su formación lejos de Barcelona, en el Dinamo de Zagreb, antes de explotar en el Leipzig y convertirse en uno de los mejores talentos de Europa. Eric García eligió el Manchester City de Guardiola para crecer y acabó regresando con una mochila de experiencia internacional.
Y, por último, los casos más célebres, los que aún generan debate: Gerard Piqué y Cesc Fàbregas. Ambos se marcharon de Cataluña siendo muy jóvenes, uno al Manchester United y el otro al Arsenal. Piqué volvió para hacer historia en el club; Fàbregas se convirtió en capitán de los Gunners y en uno de los mejores centrocampistas de la Premier antes de volver a vestir de blaugrana. Decisiones arriesgadas, pero, a la postre, acertadas.
Salir del Barcelona siempre es una apuesta: por cada Olmo o Piqué hay un Ilaix Moriba; por cada regreso triunfal, hay carreras que se apagan poco a poco. Pero también es cierto que hoy, más que antes, La Masia sufre para retener a sus talentos, atrapada entre la urgencia de ganar ya y la dificultad de darles tiempo y confianza.