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El jugador más valioso, un talento purísimo: por qué a Yamal hay que cuidarlo como oro en paño

de Michele Pavese

Con apenas 18 años, Lamine Yamal ya ha alcanzado una cifra que hace temblar los registros de los más grandes: 100 entre goles y asistencias con el FC Barcelona y la selección. Para que se entienda: a esa misma edad, Lionel Messi llevaba 5 y Cristiano Ronaldo, 4. El joven atacante azulgrana no es solo un talento precoz: es un fenómeno que, semana a semana, sigue elevando el listón.

Yamal encarna todo lo que el fútbol moderno puede ofrecer: técnica exquisita, regate, visión de juego e inventiva. No vive pegado a la banda ni se limita a la pizarra: actúa como nueve, como director de juego, como finalizador. Su hat-trick ante el Villarreal, el primero de su carrera, fue una pequeña obra de arte, en el que cada gol destiló creatividad, tempo y sangre fría. El segundo, en especial, quedará grabado: partió desde una zona aparentemente inocua, regateó rivales como un bailarín y definió con potencia.

Pero Yamal no es solo números y talento: su capacidad para competir también impresiona. Jugó y marcó pese a un dolor en la ingle que a muchos les habría impedido rendir al máximo. No se arruga ante las comparaciones con los grandes del pasado ni ante el peso de la fama, los títulos o el dinero. Su motivación es pura: el "nosotros" es el motor de su fútbol, no el ego.

Aun así, detrás del genio hay un chico normal: cariñoso con su familia, consciente de la fortuna que le ha dado el fútbol, pero curtido en años de juego en la calle en Rocafonda, donde aprendió a ser agresivo, rápido e implacable. Mentalidad y madurez futbolística se entrelazan con la frescura de la adolescencia, lo que le convierte en un talento raro, casi único. Esta noche, contra el Atlético de Madrid, el FC Barcelona necesitará un milagro para remontar un resultado muy adverso en la Copa del Rey. Y, como tantas veces, ese milagro pasará por las botas de Yamal. Pero el verdadero milagro no está solo en su capacidad para marcar o cambiar un partido: está en la alegría, la inspiración y la esperanza que un chico de 18 años puede contagiar, demostrando que el fútbol aún puede sorprender y emocionar de forma pura, genuina y extraordinaria. Lamine Yamal no es solo del FC Barcelona. Es patrimonio de quienes aman el fútbol.


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