.

Dieciocho victorias en 33 partidos y demasiados goles encajados: el 2025/26 de De Zerbi, radiografiado por los números

de Michele Pavese

Dieciocho victorias, tres empates y doce derrotas. A veces, los números son más implacables que cualquier juicio. Retratan una temporada irregular, partida en dos, incapaz de encontrar continuidad. Cuentan el recorrido de Roberto De Zerbi en el Olympique de Marsella y explican, mejor que muchas palabras, por qué se llegó a la separación.

Dieciocho triunfos no son pocos, como tampoco lo son los 77 goles a favor. De hecho, demuestran que el OM de De Zerbi supo alcanzar picos muy altos: tramos de fútbol brillante, partidos dominados con personalidad e identidad. Es el sello del técnico italiano: equipos reconocibles, salida de balón valiente y posesión como forma de someter al rival. En esas dieciocho victorias está lo mejor de su repertorio. Pero el fútbol no se mide solo en los picos, se mide en la continuidad. Y ahí el dato se resquebraja: tres empates y doce derrotas, 43 goles encajados. Demasiados, sobre todo para un club que vive de la ambición y de una presión constante como el Olympique de Marsella, una plaza exigente, aún más apremiante tras el triunfo europeo del odiado PSG. Algunos tropiezos fueron algo más que simples derrotas: la sufrida ante el Brujas en Europa (culmen de un camino claramente decepcionante), la ‘manita’ encajada en París en la última jornada de Ligue 1 y la Supercopa de Francia perdida en Kuwait ante el equipo de Luis Enrique, de forma rocambolesca. Caídas simbólicas, partidos que dejaron secuelas emocionales y alimentaron las dudas.

El problema no fue perder, sino cómo se perdió. Desconexiones súbitas, fragilidad atrás, decisiones tácticas muy discutidas. En más de treinta partidos, casi nunca repitió once. Sistemas retocados, roles cambiados, hombres clave alternados o directamente apartados. Una gestión que, en los momentos buenos, se interpretaba como valiente e innovadora, pero en las rachas malas se percibió confusa y desestabilizadora. El desenlace era inevitable.


Otras noticias