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Di María se confiesa: “Jugando descalzo y marcando entre piedras me convertí en lo que soy”

de Pierpaolo Matrone

No es una simple visita nostálgica, sino un viaje a su interior. Ángel Di María eligió Perdriel, la calle polvorienta de Rosario donde empezó todo, para explicar el sentido de una trayectoria que le llevó a la cima del fútbol mundial sin romper el vínculo con sus raíces. Volver allí, donde de niño se jugaba con dos piedras por postes y muchas veces a oscuras después del anochecer, es cerrar el círculo iniciado con una mochila cargada de ilusiones.

“Estoy feliz por el camino que he recorrido, por cómo han sido mi carrera y mi vuelta al mundo”, cuenta El Fideo a AS. Sin embargo, los sueños del principio eran mucho más sencillos: “Mi sueño era simplemente llegar al primer equipo de Rosario Central. Lo que vino después fue fruto del trabajo y de saber aprovechar las oportunidades”.

El vínculo con su gente sigue siendo clave: “Es un honor poder vivir todo esto con mi gente, me han hecho sentir como si nunca me hubiera ido”. Detrás de los éxitos hay una historia de sacrificios, empezando por el ultimátum de su padre, carbonero: “Necesitaba que le ayudara en el trabajo, pero mi madre le pidió que me diera una última oportunidad con el fútbol”.

Y luego Perdriel, que también acabó en un tatuaje: “Ahí aprendí a amar la pelota, jugando descalzo y metiendo goles entre piedras. Es ese alma callejera lo que nos hace distintos a los argentinos”. De entre los 37 títulos conquistados, Di María no se queda con uno solo, pero admite que hay uno especial: “La Copa América 2021 fue única: ganar después de 28 años y vencer a Brasil en la final con un gol mío fue uno de los momentos más bonitos de mi vida”. Una historia de fútbol, pero sobre todo de vida.


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