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De héroe a símbolo de la enésima debacle: Brahim Díaz, Bota de Oro, pero abucheado por la afición

de Michele Pavese

Es la imagen icónica de esta Copa de África, llamada a quedar grabada durante mucho tiempo en la memoria colectiva. Una escena vivida ante los ojos del mundo. Tras un final de partido surrealista y cargado de tensión, Brahim Díaz se plantó en el punto de penalti con el destino de toda una nación en sus botas. Ese penalti podía darle a Marruecos una Copa de África esperada desde hacía medio siglo.

Antes de lanzarlo, el delantero del Real Madrid tuvo que esperar más de quince minutos: los jugadores de Senegal, furiosos con la decisión arbitral, habían abandonado el campo. Una interrupción interminable que heló el ambiente y multiplicó la presión. De vuelta al punto fatídico, Díaz —máximo goleador del torneo— optó por la vía más arriesgada: una Panenka, lenta, centrada y previsible, que Edouard Mendy atajó sin problemas. Un gesto que dejó al estadio boquiabierto y encendió la rabia de la grada.

El golpe psicológico fue inmediato. Entre lágrimas tras el pitido final, Brahim Díaz quedó en el punto de mira de la afición marroquí. El seleccionador Walid Regragui le sustituyó al inicio de la prórroga y, en rueda de prensa, admitió que la larguísima interrupción no le ayudó, aunque evitó buscar excusas. En la ceremonia de entrega de premios, cuando el ex del AC Milan fue llamado para recoger la Bota de Oro, el público que quedaba en el estadio Príncipe Moulay Abdallah le recibió con una pitada monumental.

Y, sin embargo, los números cuentan otra historia: cinco goles, actuaciones decisivas y el título de máximo artillero por delante de Osimhen y Salah. Pero en el fútbol, y más en una final, un solo gesto puede borrarlo todo. Para muchos marroquíes, esa Panenka sonó a acto de egoísmo. En una noche llamada a ser histórica, Brahim Díaz pasó en un suspiro de héroe nacional a símbolo de una oportunidad perdida.


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