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Qué decepción, Federico Chiesa: tras lo de ayer ya no tiene sentido seguir esperándole. Radiografía de las decisiones de Gattuso: por qué tantas ausencias ilustres

de Raimondo De Magistris

Ha llegado la hora de la verdad. Tras meses de espera entre concentraciones frustradas y cenas itinerantes, la selección italiana se reunió en Coverciano para mirarse al espejo. Con sus dramas recientes, con el peso de su historia. Con la obligación de sellar el billete para una Copa del Mundo que llegaría doce años después de nuestra última participación. Tras la pesadilla de Suecia y la noche de Palermo. "Ahora mismo no es fácil para nadie ponerse la camiseta de Italia", dijo ayer Gattuso. Que la cita es de las que cuentan se entendió también por el número de periodistas presentes en Coverciano para la rueda de prensa del seleccionador. Eran al menos el doble de lo habitual; en primera fila estaban también Buffon y Gravina. Ellos también se lo juegan todo, igual que Gattuso: todos en el mismo barco. Aunque, parafraseando al presidente de la FIGC, a América vale hasta ir nadando.

Como sea, pero claramente sin Federico Chiesa. Y aquí toca una reflexión más amplia, porque el vaso se ha colmado. Nada de nuestro Sinner: el del 97, al que parece bastarle el papel de suplente del Liverpool, ya en otoño se borró varias veces. En noviembre, Gattuso dijo: "Hablo a menudo con él y hay que respetar las decisiones y los problemas que cada uno tiene. No puedo decir más, pero esta es la verdad. Está ausente por decisión propia". Palabras no muy distintas a las de octubre: "El caso Chiesa es sencillo: hablo mucho con mis jugadores, les insisto mucho. Con Fede hay cada semana una charla larga y por mi parte él sabe lo que pienso de él, pero luego hay que respetar lo que te dice un jugador. No se siente al 100% y quiere estar al 100%, esa es la verdad". Y también las de septiembre: "He hablado con Chiesa y fue una decisión que tomamos juntos: no se sentía listo para volver porque quería sentirse al 100%. Lo decidimos juntos".

En resumen, Chiesa ya se había borrado de esta selección en tres ocasiones y esta vez, en la convocatoria más decisiva, no ha sido muy distinto. Unas molestias no pueden justificar su decisión de volver de inmediato a casa, más aún cuando hace tres días terminó con normalidad su partido ante el Brighton. Sobre todo porque el resto se ha quedado. Incluso quien —léase Scamacca— arrastra una lesión bastante más grave. En el momento de necesidad tocaba, como mínimo, intentarlo; y, sin embargo, Chiesa, tras la Eurocopa, ha decidido que Coverciano, en estos meses complicados para la Azzurra, ya no le resulta cómodo. Se tirará adelante sin él, con la condición de recordarlo cuando cambie el viento. Porque el viento, tarde o temprano, cambiará (ojalá sea ya...).

Chiesa se vuelve a casa y regresa al grupo Cambiaghi, nacido en 2000, del Bolonia, que últimamente ha mejorado pero sigue lejos de los destellos de la pasada temporada. Ante el AS Roma en la Europa League volvió a marcar después de casi cinco meses, pero él, a diferencia de otros, ya formaba parte del bloque azzurro. De ese grupo que el seleccionador armó en otoño y ha reforzado en estos meses. Así que Cambiaghi sí y Bernardeschi, a casa. Está Raspadori, al que el Atlético de Madrid dejó fuera y que llega de una lesión, pero no está Zaniolo, probablemente en la mejor temporada de su carrera. No están Berardi ni Ruggeri. Las últimas respuestas del césped quedan a un lado en nombre de un grupo que ya estaba construido y que, en esta ocasión, se ha tocado lo mínimo, más por decisión que por otra cosa. Cabe preguntarse, llegado a este punto, para qué ver 380 partidos en directo desde el inicio de la temporada si las ideas ya estaban clarísimas; pero ahora no queda otra que confiar y esperar. Esto es lo que hay y, con estos, también tenemos argumentos de sobra para volar a América. Para romper la maldición.


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