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Por fin ha llegado la hora de las reformas de verdad: nuestras propuestas para el fútbol italiano. La política entra en juego, Gravina no puede salvarse. ¿Quién falló en Zenica merece otra oportunidad? Quizá no: hace falta una revolución

de Lorenzo Di Benedetto

Ahora sí, se viene una revolución total. El fútbol italiano ha vivido otra noche de pesadilla y las últimas 24 horas han estado cargadas de posicionamientos y declaraciones que no pueden quedarse en palabras dictadas por la decepción. Tras tanto hablar, después de Suecia y Macedonia del Norte, ha llegado el momento de actuar de una vez por todas y devolver a nuestra Selección al centro del mapa futbolístico. El primer paso lo ha dado la política, con Andrea Abodi a la cabeza: tras las palabras de Gravina en el pospartido de Zenica, el ministro de Deportes entró con los tacos por delante y asestó un golpe al presidente de la FIGC, que ya no podrá salvarse. La dimisión del número uno de la Federación no ha llegado tampoco esta vez, como si la no clasificación para el Mundial 2022 y la Eurocopa de 2024, desastrosa, fueran un mero detalle, pero a día de hoy es prácticamente imposible que el propio Gravina siga en el cargo: será adiós, cuestión de tiempo.

Arrancan las reformas: nuestras propuestas.
Tras el relevo en la cúpula de la FIGC será hora de reformas de verdad, sin medias tintas, porque ya se ha perdido demasiado tiempo. El camino será largo y lleno de obstáculos, pero la revolución llegará. ¿Desde dónde debe reiniciar el fútbol italiano? ¿Qué teclas hay que tocar primero? No es fácil responder, pero aquí van nuestras propuestas. Partimos de lo que dijo Abodi hace unas horas: "Debemos aprender de este tercer batacazo mundialista y creo que, con la ayuda de Europa, se podrá garantizar el número de italianos en el campo". Traducido: implantar una norma con un mínimo de italianos sobre el césped por equipo debe ser el primer objetivo. Decisión acertada, sin duda, pero insuficiente. Hace falta más, empezando por el próximo seleccionador. Basta de experimentos, basta de decisiones guiadas por el pasado como futbolista o por nostalgias. El relevo de Gattuso deberá ser un técnico top y, por qué no, quizá extranjero. No tiene por qué, quede claro, y no nos toca dar nombres, pero hay muchas opciones y todas de altísima calidad.

Equipos B y campeonato Primavera.
La prioridad debe pasar a los jóvenes, y en ese sentido toca abrir el capítulo del campeonato Primavera y de los equipos filiales. La edad máxima de los jugadores que pueden participar en la Primavera debe rebajarse. Ahora mismo los canteranos pasan demasiado tiempo en una liga que poco tiene que ver con el profesionalismo. En otros países las reglas ya son así: con 20 años o estás en el primer equipo o ya has abandonado la idea de llegar al máximo nivel. Italia debe adaptarse y apostar de verdad por la creación de equipos B. La Juventus se adelantó al resto y los resultados, números en mano, han sido importantísimos, aunque es cierto que muchos de los jugadores salidos de la cantera bianconera no eran italianos. Ahí hará falta otro trabajo adicional.

La reducción del número de equipos en la Serie A.
Tomemos también las palabras de Aurelio De Laurentiis de hace unas horas. El presidente del SSC Napoli ha reiterado su idea de volver a una Serie A de 16 equipos. Quizá un término medio, 18, podría ser la solución perfecta para hacer el campeonato más competitivo, aun a costa de renunciar a algunos millones procedentes de los derechos de TV.

Las escuelas de fútbol.
El fútbol italiano también debe mirar alrededor y tomar ejemplo de quienes ya han impulsado la revolución de los jóvenes. Crear un sistema de academias federales al estilo francés o alemán sería el primer paso para poner en marcha novedades que, seguro, darían frutos también para la Selección. Pero además ha llegado la hora de volver a las bases en las escuelas de fútbol. Basta de táctica y de obsesionarse con el resultado: que los formadores vuelvan a enseñar técnica y fundamentos a niños y chavales. Solo así volveremos a sacar talentos de verdad, que en Italia siguen existiendo, pero que no logran emerger por culpa del tacticismo y de enseñanzas que deberían reservarse solo para los más mayores.


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