Por fin ha llegado la hora de las reformas de verdad: nuestras propuestas para el fútbol italiano. La política entra en juego, Gravina no puede salvarse. ¿Quién falló en Zenica merece otra oportunidad? Quizá no: hace falta una revolución
Ahora sí, se viene una revolución total. El fútbol italiano ha vivido otra noche de pesadilla y las últimas veinticuatro horas han estado llenas de posicionamientos y declaraciones que no pueden quedarse en palabras dictadas por la decepción. Tras Suecia y Macedonia del Norte ya hubo muchos discursos; ahora toca actuar de una vez por todas para que la selección vuelva al centro del mapa futbolístico. El primer paso lo ha dado la política, con Andrea Abodi al frente: después de las palabras de Gravina tras el partido de Zenica, el ministro de Deportes entró con los tacos por delante y dio un auténtico empujón al presidente de la FIGC, que ya no tiene escapatoria. Ni siquiera esta vez llegaron sus dimisiones, como si no clasificarse para el Mundial 2022 y la desastrosa Eurocopa disputada por Italia en 2024 fueran un detalle menor. A día de hoy parece prácticamente imposible que el propio Gravina siga en el cargo: será un adiós, cuestión de tiempo.
Arrancan las reformas: nuestras propuestas.
Tras el relevo en la FIGC, será la hora de reformas de verdad, sin peros, porque ya se ha perdido demasiado tiempo. El camino será largo y lleno de obstáculos, pero la revolución llegará. ¿Desde dónde debe rearmarse el fútbol italiano? ¿Cuáles son las primeras teclas que hay que tocar? Difícil responder, pero aquí van nuestras propuestas. Partimos de lo que dijo Abodi hace unas horas: "Debemos aprender de este tercer batacazo mundialista y creo que, con la ayuda de Europa, se puede garantizar el número de italianos en el campo". Traducido: fijar una norma con un cupo mínimo de italianos sobre el césped en cada equipo debe ser el primer objetivo. Es una decisión acertada, faltaría más, pero no basta. Hace falta más, empezando por el nuevo seleccionador. Se acabaron los experimentos, se acabaron las elecciones dictadas por su pasado como futbolista o cosas por el estilo. El relevo de Gattuso tiene que ser de primer nivel y, por qué no, incluso extranjero. No necesariamente, que quede claro, y no nos toca a nosotros dar nombres, pero sobran opciones de altísima calidad.
Equipos filiales y campeonato Primavera.
La atención debe centrarse en los jóvenes. En este sentido, toca abrir el capítulo del campeonato Primavera y de los equipos filiales. La edad máxima de los jugadores que pueden competir en la Primavera debe bajarse. Ahora mismo los canteranos se quedan demasiado tiempo en un torneo que nada tiene que ver con el fútbol profesional. En otros países ya rigen normas así y, con veinte años, o estás en el primer equipo o abandonas la idea de llegar a la élite. Italia debe adaptarse y apostar de verdad por la creación de filiales. La Juventus se adelantó al resto y los resultados, datos en mano, han sido importantísimos, aunque, siendo honestos, muchos de los jugadores salidos del vivero bianconero no eran italianos. Ahí hará falta un trabajo extra.
Reducir el número de equipos en la Serie A.
Tomemos también en cuenta las palabras de Aurelio De Laurentiis hace unas horas. El presidente del SSC Napoli ha reiterado su idea de volver a una Serie A de 16 equipos. Quizá una vía intermedia, 18, podría ser la solución perfecta para elevar la competitividad del campeonato, aunque suponga renunciar a unos cuantos millones procedentes de los derechos de televisión.
Las escuelas de fútbol.
El fútbol italiano debe mirar alrededor y copiar a quienes ya han emprendido su revolución del fútbol base. Crear un sistema de academias federales a la francesa o a la alemana sería un primer paso que acabaría dando frutos también para la selección. Y, además, ha llegado la hora de volver a lo básico en las escuelas de fútbol. Basta de táctica y de obsesión por el resultado: los formadores deben volver a enseñar técnica y fundamentos a niños y adolescentes. Solo así volverán a salir talentos de verdad, que en Italia siguen existiendo, pero que no logran emerger por el excesivo tacticismo y unas enseñanzas que deberían reservarse para los más mayores.
¿Quién falló en Zenica merece otra oportunidad?
Por último, un pensamiento para los jugadores que no pudieron con Bosnia el martes. Ninguno de ellos ha disputado jamás un Mundial y, si llegan a hacerlo, será ya treintañeros en su gran mayoría. La pregunta es clara: ¿de verdad merecen seguir en la Azzurra? Algunos sí, evidente: Donnarumma, Calafiori, Pio Esposito, Tonali, Palestra... y quizá basta. ¿Y el resto? Aquí la respuesta es no. ¿Por qué quien no fue capaz de superar a Bosnia, ni mucho menos la mejor selección del mundo, debería volver a ser convocado? Si tiene que haber revolución, que sea revolución. Hueco para los jóvenes, incluso sin experiencia, que no arrastrarán ese miedo en los próximos años. Hacerlo peor que desde 2014 hasta hoy, con la Eurocopa 2020 como única nota positiva, parece imposible. Toca tener el coraje de arriesgar para volver a vivir esas noches mágicas que hoy no son más que un recuerdo lejano.