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Nos habéis roto el fútbol. Ahora solo os queda iros todos a casa

de Raimondo De Magistris

¿Cómo hemos llegado a esto? ¿Cómo es posible que Italia jugara su último partido mundialista hace 4.298 días y quizá tenga que esperar otros 4.298 para el próximo? También esta vez nos quedamos en casa, añadimos otra página negra a la historia de nuestro fútbol. Bosnia y Herzegovina después de Macedonia del Norte. No hablamos de Brasil ni de Francia, ni siquiera de Suecia. En 2017 nos quedamos atónitos con la eliminación a manos de los escandinavos; hoy estamos resignados a la idea de que cualquiera puede ganarnos. Hasta la selección número 66 del ranking FIFA puede mandarnos a casa, y con merecimiento. Somos frágiles: en Zenica nos vinimos abajo ante la presión y las dificultades.

¿Cómo hemos llegado a esto? En Europa cada vez estamos más al margen del fútbol que de verdad cuenta; en el mundo se preguntan qué fue de la Selección cuatro veces campeona. La respuesta es simple: no estamos. Hemos arriado nuestra bandera a golpe de reformas solo anunciadas, de palabras útiles únicamente para aferrarse al sillón. Y quien paga el pato es nuestra Selección, una de las más gloriosas del planeta. Cuatro veces capaz de ganar un Mundial y, desde anoche, también cuatro veces capaz de no disputar uno.

¿Cómo hemos llegado a esto? Sencillamente, escondiendo siempre el polvo bajo la alfombra. Cargando responsabilidades sobre otros: eso sí se nos da de maravilla. Gennaro Gattuso, ocho partidos como seleccionador, probablemente sea el último de los culpables. Y por eso, en este mundo al revés, será el primero en pagar. Pagará Buffon, que le eligió, pero ahora que dé también un paso al lado Gabriele Gravina. Desde 2018 presidente de la FIGC y, desde hoy, en la historia como el único dirigente capaz de fallar por dos veces la clasificación para una fase final de la Copa del Mundo.

Os habéis cargado el fútbol, esa es la verdad. Habéis roto los sueños de quienes esperaban por fin volver a ver a la Azzurra en la fase final de una Copa del Mundo; ni siquiera los habéis encendido en toda una generación joven que jamás ha visto a Italia en un Mundial. Que ya mira todo esto con indiferencia y desconfianza. Esta es nuestra peor derrota: os habéis cargado el fútbol; ahora, al menos, tened la decencia de iros todos. Todos.


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