Hay un club del que se habla muy poco: renace el modelo Udinese. La familia Pozzo y la fórmula mágica: de Atta a Mlacic, la factoría de talento vuelve a echar a andar
Renace la factoría de talento. Después de un periodo en el que el Udinese navegó entre las olas de la incertidumbre sobre el rumbo a seguir, desde hace al menos tres años el timón va recto y la idea está clarísima. Porque el mundo ha cambiado, se ha revolucionado, desde que el de la visionaria familia Pozzo, padre Gianpaolo e hijo Gino, del 41 y del 61, contaba con una futurista sala de scouting. La famosa ‘sala de las cintas de vídeo’. Un sistema que se adelantó a Wyscout y derivados, y que permitió a un club de la periferia del fútbol mundial convertirse no solo en una realidad, sino también en un referente, una inspiración, un modelo. Luego el mundo avanzó y el Udinese, en los últimos tiempos, necesitó tiempo y recorrido para recodificarse y readaptarse. La adquisición, ya de largo recorrido, del Watford movió equilibrios, pero el tiempo recolocó las cosas. Los Hornets y los friulanos, de siempre pero ahora de forma perfecta y armónica, son dos realidades paralelas con vida propia. Y hoy cada uno tiene su camino y su dimensión bien definidos.
Vuelve el modelo Udinese
Renace. Mejor dicho, ya ha vuelto. Echen un vistazo a las últimas ventanas de mercado del club friulano —y ahora llegamos también al último enero, extraordinario—. ¿Quién habría apostado por Keinan Davis por poco más de 3 millones de euros? En el Reino Unido fue un futbolista infravalorado al que el Udinese quiso hacer crecer, esperar y moldear. En el Watford hizo el aprendizaje; en Udine se formó y explotó. La realidad es que ahora no bastan 30 millones para llevárselo. Arthur Atta costó 8 millones al Metz; Lennon Miller, 5,5 al Motherwell. Algunos ejemplos más: Thomas Kristensen salió por menos de 3 millones desde el Aarhus. Oumar Solet llegó libre. Jurgen Ekkelenkamp, que fue una perla del Ajax, costó unos 5 millones desde el Amberes, y Jesper Karlstrom no llegó ni a 2 desde el Lech Poznan. Las plusvalías se han multiplicado, de Lazar Samardzic a Lorenzo Lucca, de Jaka Bijol a Nehuén Pérez. No todos los fichajes salen bien (Brenner, el caso más llamativo), pero el porcentaje de aciertos, entre descubrimientos y revalorizaciones, se inclina de forma entusiasmante del lado friulano.
El último enero extraordinario del Udinese
El último enero fue una obra maestra. Devuelve al Udinese al mapa del mercado a altísimo nivel. Y no tanto por el valor absoluto y el potencial de dos talentos como Juan Arizala y Branimir Mlacic, sino porque el club de los Pozzo, con su proyecto y el camino que les expusieron, les convenció para elegir Udine por delante de grandísimas plazas europeas y también italianas como el Ac Milan y el Inter FC. Fue un enero de muchísimo nivel para los Pozzo que, visto así, merece un sobresaliente casi perfecto. Un dato muy interesante: en noviembre el valor de la plantilla se estimaba de forma realista en torno a los 244 millones. Ahora ronda los 273, sin contar a estas dos últimas joyas. Chapeau.
El futuro, Runjajic y los talentos por vender
Bravo Gino Pozzo, bravo el hombre de mercado Gianluca Nani, bravo todo el equipo de colaboradores que orbita alrededor del proyecto friulano. Un club compacto que rema en una doble dirección: Londres y Udine. ¿Y en el banquillo? Kosta Runjajic fue una apuesta que, a la postre, ha salido bien: llegó como un completo desconocido, ha dado identidad al equipo —táctica y de grupo—, y ha sabido potenciar y dar tiempo a talentos extraordinarios, integrándolos en un engranaje hoy perfectamente engrasado. ¿Es también el técnico adecuado para el salto de calidad europeo para el que ahora parece preparado el Udinese? Esa reflexión la dejamos en el tejado de Pozzo, de Nani y de su competente equipo. Pero la filosofía no debe cambiar: Atta y sus ‘hermanos’, al menos uno o dos, saldrán para engordar las arcas de un club que presume de un estadio joya, una visión de futuro clarísima y un scouting que ha vuelto a funcionar como un reloj.