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AC Milan-Leao, toca decir adiós. El portugués ya no es un joven: el salto de calidad no llegará. Árbitros: sigue el caos. Casi pasó inadvertido el clamoroso error del VAR en el Como-AS Roma

de Lorenzo Di Benedetto

Un consejo no pedido al AC Milan: vende a Leao este verano. Dicho así puede sonar a locura, pero la sensación es que no somos los únicos en pensarlo y que, de hecho, en la casa rossonera más de un dirigente empieza a reflexionar sobre el futuro del talento portugués, de nuevo protagonista, para mal, en el Olímpico ante el Lazio. Retrocedamos la cinta hasta la noche del domingo, al minuto 66 del partido entre el Lazio y los rossoneri, cuando Massimiliano Allegri decidió sustituir a su '10'. La reacción de Leao fue inaceptable, no hay vuelta de hoja. Por varios motivos: el primero, la parsimonia con la que abandonó el campo, con los suyos perdiendo por un gol en un encuentro clave que podía reabrir de verdad el campeonato. Mike Maignan tardó menos en salir de su portería y alcanzar al portugués para apremiarle que el propio Leao en cubrir el camino hacia el banquillo. Y no solo eso: el ex del Sporting no ocultó su disgusto por la decisión de Allegri, algo entendible, pero rechazar dos veces el abrazo de tu entrenador y quejarte abiertamente del cambio es un gesto que Leao no se puede permitir. Para colmo, ya en el banquillo, patadas a varios objetos. Moraleja: la paciencia con Leao ha llegado a su fin. Con razón.

La edad y una evolución que se ha frenado.
El Milan nunca dejó de esperarle: le arropó, le renovó, le subió el sueldo, pero el crecimiento que muchos esperaban no terminó de llegar. ¿Recordáis lo que dijo Zlatan Ibrahimovic hace un tiempo? Que Leao ganó el Scudetto de 2022 prácticamente él solo. Y así fue: él tiró de los rossoneri hacia un título, a la postre, inesperado. Aquel Leao no lo hemos vuelto a ver. Y han pasado casi cuatro años. Cuatro más en el DNI de un futbolista nacido en 1999. Leao ya no es un chaval; debería estar en plena madurez, pero la sensación es que el salto de calidad definitivo, el que le haría pasar de gran jugador a campeón, no llegará. Por eso el Milan haría bien en pensar en su traspaso, también por ciertos comportamientos fuera de tono que solo enrarecen un entorno que no necesita más lío.

Capítulo árbitros: cada vez más caos.
Cambiamos de tema, pero seguimos con lo que no funciona en el fútbol italiano. También el último fin de semana hubo un alud de polémicas arbitrales. Hace dos días, Gravina habló de un "clima insoportable", pero no precisamente por culpa de clubes y jugadores. El problema es el de siempre: esta clase arbitral no está a la altura de la Serie A. Difícil saber cómo salir de ésta, pero hay algo que quizá ha pasado demasiado de puntillas y que retrata a la perfección las dificultades de árbitros y VAR. La expulsión a Wesley en el Como-AS Roma, por doble amarilla, es el último capítulo de una saga de despropósitos. El brasileño no hace falta, ni roza a Diao; y si hubo contacto, fue, sin duda, entre el delantero del Como y Rensch. Este caso no tiene nada que ver con el célebre Bastoni-Kalulu. Porque esta vez el VAR podía y debía intervenir. Una de las cuatro situaciones en las que el VAR puede hacerlo es la confusión de identidad. Nos explicamos: si el árbitro amonesta o expulsa a un jugador creyendo que fue él quien cometió la falta, pero en realidad fue otro compañero, el colegiado debe ser llamado al monitor y la decisión, corregida. ¿Por qué no se hizo? ¿Somos conscientes de la gravedad del asunto en un partido importantísimo como el que se jugó el domingo en el Sinigaglia? Nosotros sí; el estamento arbitral, quizá no. Que abra los ojos, porque así será imposible seguir adelante.


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